El bochornoso nivel de castellano de algunos políticos ‘indepes’

“Tengo poca práctica con esto del español”, reconocía hace unos días la consellera de Educación después de quedarse en blanco en una presentación pública. Unos meses antes el president de la Generalitat también tenía graves problemas para expresarse castellano…

El conseller de Interior de la Generalitat, el recientemente nombrado Joaquim Forn, ha mostrado algunas carencias a la hora de expresarse en castellano. Durante los últimos días se ha visto obligado a comparecer en numerosas ocasiones ante los medios de comunicación y en algunas ruedas de prensa tuvo que responder a preguntas en español. No estuvo ágil ni cómodo. Mas no es el único.

Pocos días después, la también nueva consellera de Educación y antigua dirigente de la Assemblea Nacional Catalana, Clara Ponsatí, protagonizaba un nuevo incidente lingüístico. Durante la presentación del nuevo curso escolar, Ponsatí tuvo que abandonar el discurso en español por ser incapaz de comunicarse con la mínima fluidez. Entre enormes dificultades trató de construir, sin éxito, un relato coherente: “…trabajar este tema en las aulas y para… dar soporte a su… a las iniciativas que ellos… ciertamente van a tener”. Tuvo que volver al catalán para disculparse y reconocer que tiene “poca práctica con esto del español”.

Puigdemont: “No hemos estado capaces” (sic)

La polémica por el deficiente nivel de castellano de muchos políticos independentistas ha alcanzado incluso al propio president de la Generalitat, Carles Puigdemont, que en una entrevista en La Sexta cometió innumerables errores hasta el punto de llamar la atención de la periodista Ana Pastor. Puigdemont habló de “un proyecto de grueso” en vez de un gran proyecto, dijo “no hemos estado capaces” en lugar de no hemos sido capaces, “puentes que no conducen en ningún sitio” en lugar de puentes que no conducen a ningún sitio, “haiga” por haya, “conduciera” por condujera, “defensemos” por defendamos.

En abril de 2016 el president recibía a Pablo Iglesias en el Palau de la Generalitat. Al comienzo del encuentro el anfitrión entregó al líder morado un cómic dedicado de la biografía de Andreu Nin, sindicalista catalán asesinado durante la Guerra Civil. El texto decía así: “Para Pablo, como agradecimiento para que conozca mejor la biografía de alguien que expresó muy “bién” (sic) el compromiso del obrerismo catalán en la lucha por los derechos nacionales como indisociables del proyecto social”.
No fue la única falta de ortografía. Pocos meses después, en una carta oficial dirigida al presidente del Gobierno, Carles Puigdemont, periodista de profesión, demostró nuevamente las escasas dotes para la redacción en lengua española.

Un niño con un “dramático” nivel de castellano.

Cabe recordar que ni Joaquim Forn, ni Clara Ponsatí ni Carles Puigdemont fueron sometidos a la inmersión lingüística, de modo que en las generaciones posteriores la situación es aún más grave. Es el caso, por ejemplo, de Francesc Colomer, el niño premiado en 2011 con el Goya al Mejor Actor Revelación por su papel en ‘Pa Negre’. El joven tuvo que subir a recoger el premio y ofrecer una breve plática. El resultado fue desastroso. Tanto que, pocos días después de la gala, el historiador vasco Fernando García de Cortázar mostraba su asombro en una entrevista en un medio de comunicación: “Al hilo de los Goya sí me parece dramático (y si no fuera así, poco respetuoso con un premio nacional) que el niño que recogió el galardón no pudiera expresarse con corrección en español. Nos adentra en ese gran problema que es la agresión al idioma común y que va en perjuicio de los propios hablantes catalanes”, sentenciaba.

Y es que los niños catalanes tienen un nivel inferior de castellano que el resto de España. Es al menos lo que asegura un informe difundido por la plataforma Convivencia Cívica Catalana (CCC) y que bebe de fuentes oficiales tales como el Instituto Nacional de Evaluación Educativa (INEE) dependiente del Ministerio de Educación y el Consejo Superior de Evaluación del Sistema Educativo (CSDA), organismo de la Consejería de Educación del gobierno autonómico catalán.
Una conclusión lógica a tenor de las dos horas semanales en castellano que cursan los niños catalanes, por 25 horas de los niños del resto de España.

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