El voto del campo puede resultar decisivo en las elecciones autonómicas de Aragón del próximo domingo. Según las estimaciones basadas en el peso territorial del sector primario, los agricultores podrían inclinar entre cuatro y siete escaños en el Parlamento autonómico, una cifra suficiente para condicionar mayorías, pactos y el reparto de poder tras las urnas.
La relevancia política del campo se ha reflejado en los movimientos de los principales partidos. El presidente de VOX, Santiago Abascal, ha respaldado las protestas de los agricultores contra el acuerdo entre la Unión Europea y Mercosur, subrayando la afinidad de su partido con las reivindicaciones del sector. Esa sintonía se ha visualizado también en actos públicos en municipios aragoneses, donde VOX busca consolidar su implantación en el mundo rural.
Los datos oficiales explican por qué el campo pesa tanto en Aragón. Según la Encuesta de Población Activa del Instituto Nacional de Estadística, 43.200 personas trabajan en la agricultura en la comunidad, lo que representa el 6,86% de los ocupados. Aunque la cifra parece limitada en términos globales, su distribución territorial altera por completo el análisis político.
En provincias como Teruel, el 10,8% de los trabajadores se dedica al sector primario, mientras que en Huesca el porcentaje asciende al 18,9%. Estas dos provincias, además, cuentan con una representación parlamentaria superior a la que les correspondería por población para compensar la despoblación, lo que multiplica el valor de cada voto emitido en el ámbito rural. Dicho de forma sencilla, donde más agricultores hay es donde cada papeleta cuenta más.
La influencia del campo se extiende también al entorno familiar. En Huesca, más del 17% de los hogares tiene al menos un ocupado en el sector primario, una proporción que supera el 10% en Teruel y que, aunque menor, también está presente en Zaragoza. Esta realidad amplía el alcance político del agricultor y refuerza su capacidad de arrastre dentro de cada núcleo familiar.
Trasladado al reparto de escaños, el impacto resulta evidente. El voto agrícola puede decidir dos o tres diputados en Huesca, uno o dos en Teruel y hasta dos en Zaragoza, lo que sitúa el total entre cuatro y siete en el conjunto de Aragón. En un Parlamento fragmentado, esa horquilla puede marcar la diferencia entre una mayoría sólida, un Gobierno condicionado o un reparto de fuerzas muy ajustado.
En unas elecciones donde cada escaño cuenta y donde el equilibrio territorial resulta determinante, el campo vuelve a situarse en el centro de la política aragonesa.