
Las políticas climáticas del Gobierno de Pedro Sánchez han llevado a España a una situación paradójica: mientras el país necesita cada vez más electricidad para alimentar su industria, construir nuevas viviendas y electrificar su economía, el Ejecutivo mantiene el calendario de cierre de las centrales nucleares. Una estrategia que cobra todavía más relevancia después de que un informe sobre la resiliencia energética europea haya advertido de la necesidad de conservar una producción diversificada y estable para evitar apagones y colapsos de la red.
La tensión del sistema eléctrico español ya está teniendo consecuencias sobre la actividad económica. En apenas un mes se han producido hasta cuatro activaciones de mecanismos extraordinarios de Red Eléctrica para reducir temporalmente el consumo de grandes industrias ante situaciones de estrés en el sistema. El resultado es especialmente preocupante: empresas con capacidad para producir tienen que disminuir su consumo eléctrico y, por tanto, limitar su actividad para contribuir a mantener estable la red.
El cuello de botella eléctrico también amenaza con trasladarse a uno de los principales problemas que afronta España: la vivienda. En Madrid, donde se calcula que serían necesarias al menos 100.000 nuevas viviendas, la capacidad disponible de la red permitiría conectar aproximadamente 40.000. La falta de capacidad eléctrica se convierte así en una nueva barrera para desarrollar suelo y levantar promociones: construir ya no es suficiente si después no existe potencia disponible para conectarlas.
Todo ello ocurre mientras el Gobierno mantiene el calendario de cierre nuclear español. Y precisamente sobre este punto alerta el informe Climate Change and Europe’s Energy Resilience. El documento rechaza la oposición entre nuclear y renovables y sostiene que ambas son necesarias para disponer de un sistema energético estable y diversificado. Su conclusión es que sólo la diversidad de fuentes permite proteger el suministro cuando una parte del sistema falla.
La advertencia es todavía más contundente al analizar las centrales nucleares. El informe considera «vital» la capacidad de generación de base libre de carbono proporcionada por la nuclear para evitar apagones y colapsos de la red. También reprocha a la Unión Europea haber enfrentado durante años de manera artificial las renovables y la nuclear y considera insuficiente el apoyo al mantenimiento y desarrollo de la industria nuclear europea.
El documento también pone el foco sobre otro fenómeno que España ya está experimentando: la presión de los grandes consumidores sobre las redes. Ante estos episodios, plantea trasladar determinados consumos industriales hacia las horas de menor demanda para estabilizar el sistema y evitar apagones forzosos. La propia investigación reconoce así que la sobrecarga de las redes eléctricas europeas constituye una amenaza que exige adaptar tanto la generación como el consumo.
La política energética de Sánchez queda así ante una contradicción cada vez más difícil de ignorar: España pretende multiplicar la electrificación de su economía al mismo tiempo que mantiene previsto desconectar progresivamente sus reactores nucleares. Mientras las industrias ya sufren restricciones de consumo y la falta de capacidad de red amenaza incluso la construcción de nuevas viviendas, el informe europeo advierte justamente de lo contrario: renovables y nuclear deben complementarse y la diversificación es esencial para garantizar la seguridad del suministro.