El Gobierno de María Chivite ha decidido que el euskera se imponga en Falces aunque sea a golpe de talonario público y contra la realidad demográfica y educativa de la Ribera navarra. La Administración foral ha licitado las obras de ampliación del colegio público Doña Álvara Álvarez y la compra de módulos prefabricados por un total de 1.557.921,86 euros, de los cuales casi 789.000 se destinan exclusivamente a instalar 350 metros cuadrados de aulas prefabricadas en el patio del centro. El objetivo es tener listo el modelo D, íntegramente en euskera, para el curso 2026-2027, con las obras arrancando este verano y un plazo de ejecución de solo seis meses.
El proyecto en Falces y la prisa del Gobierno
Esta decisión llega en un momento en el que el propio Gobierno ha mostrado una actitud muy distinta cuando se trata de recortar plazas en la educación concertada. El pasado mes de mayo, el Ejecutivo defendió la reducción de al menos 14 aulas de infantil con demanda real, lo que provocó una fuerte crisis interna con sus socios que derivó una proposición de ley para blindarlas y evitar su cierre. Finalmente, se aprobó una moratoria de un año. Mientras tanto, para abrir espacios destinados al modelo D en Falces no ha habido ninguna duda ni retraso.
La escasa demanda parental y el impacto de la inmigración magrebí en las aulas
Las prisas y la instalación de módulos prefabricados confirman que el interés del Gobierno y, especialmente, de Geroa Bai y Bildu, pasa por implantar el modelo D como opción prioritaria, aunque el número de familias que lo han pedido sea muy reducido. De hecho, fueron los nacionalistas quienes introdujeron una enmienda en los presupuestos generales de Navarra de este año para implantar este modelo en Falces ante, según ellos, la demanda de 21 familias, aunque que los promotores iniciales apenas llegaban a la docena.
Del mismo modo, lograron aprobar el inicio del modelo D en Secundaria del IES Ribera del Arga en Peralta, un instituto comarcal que recibe a alumnos de varios municipios. «Lo están metiendo con calzador. Esa es la idea y el plan, lo han hecho ya en otros sitios y así lo están implantando ya en la Ribera», afirman fuentes de Educación.
Todo esto, unido al avance de la población inmigrante, especialmente de origen magrebí, está cambiando la composición de los centros educativos en la Ribera. Es aquí donde se repite un patrón claro: los alumnos de origen magrebí se concentran mayoritariamente en el modelo A (en español con una asignatura de euskera), muchos de los cuales llegan sin conocer el idioma. Esta situación está provocando que el nivel educativo de las clases se resienta y que algunas familias locales opten por llevar a sus hijos al modelo D, precisamente para evitar ese efecto.
Además, parte de las familias navarras buscan otras alternativas para proteger el ritmo de aprendizaje de sus hijos, bien haciendo un esfuerzo mayor para pagar un colegio privado o trasladando a sus hijos a colegios de otras localidades.
Un ejemplo palpable de esta situación es lo que sucede en Castejón, donde los extranjeros ya suponen el 31,13% de la población, con el 78,9% de ellos marroquíes. En el colegio público Dos de Mayo de este municipio el 67% del alumnado es de origen marroquí. Esta alta concentración genera dificultades lingüísticas y de ritmo que están obligando a muchas familias españolas a escolarizar a sus hijos en colegios de Corella u otros municipios cercanos para que no pierdan el curso. Lo que antes era una decisión excepcional se está convirtiendo en una estrategia cada vez más habitual ante el retraso educativo que provoca la llegada masiva de alumnos que necesitan apoyos intensivos en castellano.
El retroceso del modelo D y los datos oficiales
Pese al esfuerzo presupuestario, los datos oficiales muestran que el modelo D no avanza. Según las cifras del curso 2025-2026 publicadas, los modelos B y D juntos, los que contienen enseñanza cuasi o totalmente en euskera, representan solo el 23,5 % del total de alumnos, un descenso claro respecto al 26,3 % de 2019-2020. Por el contrario, las matriculaciones en el modelo G, exclusivamente en español, aumentan cada año.
Como ya publicamos en febrero de este año, el dossier de presentación del Nafarroa Oinez 2026, elaborado por las ikastolas Erentzun y San Fermín, reconoce abiertamente que el uso real del euskera en Navarra sigue estancado en el 6,7 % en 2021, apenas ocho décimas más que en 1991.
El conocimiento del euskera en la zona euskaldun ha subido solo 2,4 puntos en diez años y en amplias zonas de la Ribera los porcentajes siguen siendo muy bajos. Las propias organizadoras de la gran fiesta del euskera de 2026 admiten que «todavía quedan muchos pasos por dar».
Prioridades y contradicciones
Con todo, el contraste resulta evidente. El Gobierno acelera la implantación del modelo en euskera en municipios donde la demanda es baja y la realidad demográfica de la Ribera está cambiando rápidamente las aulas, mientras al mismo tiempo ha intentado recortar plazas en la educación concertada y destina cantidades crecientes a la gestión de la inmigración.
Los datos de matrícula muestran un retroceso relativo del modelo D y las propias ikastolas reconocen que el uso real del euskera sigue siendo limitado. Al mismo tiempo, la concentración de alumnado inmigrante magrebí en centros públicos de la Ribera está modificando las decisiones de escolarización de las familias locales, que buscan entornos donde sus hijos puedan mantener un ritmo educativo adecuado.
Esta combinación de gasto elevado en promoción lingüística, recortes en otros ámbitos educativos y transformación demográfica plantea un escenario en el que las prioridades del Ejecutivo parecen responder más a presiones políticas, como las de EH Bildu, que a la demanda real de las familias y a los resultados medibles en las aulas.