
El déficit de conductores en el transporte por carretera en España supera desde hace años las 30.000 vacantes. Lejos de corregirse, el problema se agrava con el paso del tiempo, mientras miles de profesionales abandonan el sector por jubilación o por unas condiciones laborales que ya no compensan una vida en la carretera. Ante esta realidad, el Gobierno ha optado por una vía rápida y controvertida: recurrir de forma masiva a conductores extranjeros.
El sector emplea en la actualidad a unas 390.000 personas, con una media de edad situada entre los 50 y los 55 años. El relevo generacional no existe y la respuesta oficial no se centra en retener ni atraer trabajadores nacionales, sino en cubrir el vacío con chóferes llegados de terceros países.
La importación de conductores ya ha dejado imágenes que evidencian las carencias del modelo. Hace sólo unos días, un chófer procedente de Senegal dejó un camión cargado de automóviles atrapado en el túnel de Moncloa, en Madrid, tras no respetar la altura máxima permitida. Según trascendió, siguió las indicaciones del navegador sin conocer las limitaciones de la vía.
El Ejecutivo ha ido más allá y ha firmado acuerdos con Marruecos para el reconocimiento casi directo de los permisos de conducir de transportistas de ese país. Sin embargo, la barrera idiomática y el desconocimiento de la normativa europea se convierten en obstáculos evidentes. En Marruecos no se utiliza tacógrafo y los estándares de control, descanso y seguridad difieren de los exigidos en España.
Desde la Oficina del Conductor, entidad dedicada a la defensa de los derechos de los transportistas, su responsable Luis Carnota lo tiene claro: «La solución no pasa por traer conductores extranjeros, sino por mejorar las condiciones laborales. En España hay afición a este trabajo, pero no en las condiciones actuales. Incluso se podría plantear una FP específica para el sector».
El diagnóstico se repite dentro del propio sector. Jornadas interminables, bajos márgenes, dificultades para conciliar y una vida permanente en la carretera expulsan a los profesionales y desincentivan a los jóvenes. Sin corregir ese problema de fondo, la importación de chóferes sólo actúa como un parche temporal.
Según ha informado Fenadismer, la última iniciativa pasa por un acuerdo con el Gobierno turco para facilitar la llegada de hasta 300.000 conductores. En el plan participa también la Universidad de Córdoba, donde se impartirán cursos de adaptación a la normativa española y europea.
Los permisos de conducir turcos, incluidos los de camiones, cuentan con reconocimiento, aunque los aspirantes deben superar el CAP. Aun así, desde la Oficina del Conductor advierten de que los problemas se repiten: idioma, formación insuficiente y desconocimiento de la realidad del transporte en España.
“El problema es que se han agotado otras canteras, como la de Sudamérica, y ahora se buscan nuevas. Las condiciones en las que se trae a estos conductores no son de recibo.”, señalan desde la entidad a El Debate.