El Gobierno de Pedro Sánchez, que obligó a la familia de Ángela Agudo —la joven española que sufrió un grave accidente en Tailandia— a financiar por su cuenta su repatriación y tratamiento médico mediante una campaña de crowdfunding, ha reconocido ahora haber pagado los billetes de avión de los 21 españoles que integraban la Flotilla proHamás para facilitar su regreso desde Israel.
Según fuentes del Ministerio de Asuntos Exteriores, el departamento dirigido por José Manuel Albares adquirió directamente los pasajes «para agilizar la salida» de los activistas, que fueron detenidos por las autoridades israelíes antes de ser trasladados a tierra. El comunicado subraya que «todos los recursos consulares y diplomáticos» se pusieron en marcha para ofrecer «protección constante» a los miembros del grupo, pese a que la expedición contaba con financiación procedente de organizaciones vinculadas al movimiento islamista Hamás.
Durante su detención, el cónsul español en Tel Aviv se desplazó hasta el puerto de Ashdod acompañado por personal de la embajada para asistir a los implicados, manteniendo contacto directo con ellos en cuanto las autoridades locales permitieron el acceso al centro de retención. Además, el Ministerio recuerda que desde el primer momento se habilitaron dos líneas telefónicas —una en Madrid y otra en Tel Aviv— para atender a familiares y representantes, garantizando una comunicación permanente.
Mientras tanto, el caso de Ángela Agudo continúa conmoviendo a la sociedad española. Tras la campaña solidaria que permitió cubrir los costes del avión medicalizado y su atención hospitalaria, la familia ha cumplido su compromiso de donar el dinero sobrante —unos 78.000 euros— a la Fundación Ángel Nieto, dedicada a ayudar a víctimas de accidentes de tráfico.
No obstante, el esfuerzo económico ha sido enorme. Los familiares de la joven ya han abonado 32.000 euros en impuestos y prevén tener que entregar otros 104.000 a Hacienda por la recaudación del crowdfunding. En cuanto a su estado de salud, Ángela sigue en una situación de «no conciencia», aunque muestra pequeños signos de progreso. «Ha conseguido abrir un ojo; ver el verde de su pupila nos devuelve la esperanza», escribía recientemente su entorno en redes sociales, confiando en que la terapia y la estimulación logren reactivar poco a poco su capacidad de respuesta y comunicación.