
Mientras crecían las dudas sobre el papel de Marruecos en la entrada masiva de inmigrantes en Ceuta del pasado 30 de julio, el Gobierno de Pedro Sánchez mantuvo durante todo agosto una línea política de respaldo prácticamente unánime a Rabat. Hasta siete ministros defendieron públicamente la cooperación con el reino alauita y recurrieron a expresiones como «socio fiable», «aliado imprescindible», «relaciones excelentes», «lealtad» o «solidaridad» para describir la relación bilateral, según recoge El Debate.
La secuencia resulta especialmente significativa después de que un informe del Centro Nacional de Inmigración y Fronteras (CENIF) apuntara a que la entrada masiva en Ceuta fue «guiada» por agentes marroquíes, algunos uniformados y otros de paisano, según la información conocida esta semana. Pese a ello, los principales miembros del Ejecutivo evitaron durante agosto responsabilizar a Rabat y, por el contrario, insistieron en presentar a Marruecos como parte de la solución y no como origen del problema.
El propio Pedro Sánchez mantuvo esta línea este miércoles en el Congreso de los Diputados. «Tenemos que seguir cooperando con Marruecos y queremos una relación de buena vecindad con Marruecos», afirmó el presidente, que aseguró también que no tiene «miedo a enfrentarse a otros poderes extranjeros cuando así la situación lo exige».
Una de las defensas más explícitas llegó de la portavoz del Gobierno y ministra de Migraciones, Elma Saiz, durante su estancia en Ceuta entre el 17 y el 21 de agosto. En una entrevista concedida a la Cadena SER durante aquellos días, Saiz describió directamente a Marruecos como «un socio fiable» y rechazó que el país vecino supusiera una amenaza para España. «Marruecos no es una amenaza para Ceuta ni para España», aseguró.
Sus palabras llegaron apenas semanas después de que decenas de miles de inmigrantes se concentraran en la frontera ceutí y miles consiguieran entrar en territorio español, obligando al despliegue extraordinario de Policía Nacional, Guardia Civil y Ejército.
El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, fue incluso más lejos al valorar la cooperación bilateral. El 13 de agosto calificó la colaboración con Marruecos de «absolutamente extraordinaria y excepcional» y sostuvo que las relaciones entre ambos países eran «absolutamente estrechas y basadas en la lealtad».
A finales del mismo mes, durante su comparecencia ante la Comisión de Interior del Congreso, volvió a defender expresamente la actuación de Rabat. Marlaska quiso «destacar expresamente la colaboración con Marruecos, sostenida y eficaz a lo largo de los años, y que volvió a evidenciarse en la respuesta a los acontecimientos del 30 de julio».
El ministro habló asimismo de «solidaridad» en materia migratoria y de seguridad, presentando la cooperación marroquí como uno de los elementos fundamentales de la respuesta española a la crisis.
El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, mantuvo la misma posición. El 11 de agosto aseguró que «Marruecos en estos momentos colabora plenamente» para que Ceuta recuperara la normalidad y afirmó que la disposición del Gobierno marroquí había sido positiva «desde el primer momento».
Semanas después, el 28 de agosto, Albares reiteró en el Congreso que la comunicación diplomática entre Madrid y Rabat había sido «permanente» desde el inicio de la crisis tanto para contener la situación como para impedir que pudiera reproducirse en el futuro.
La defensa de Marruecos contrastó durante todo el mes con las crecientes informaciones sobre movimientos en territorio marroquí, convocatorias difundidas en redes sociales y la posible actuación de agentes del país vecino en la canalización de los grupos que se dirigieron hacia Ceuta.
Otro de los elogios más contundentes procedió del ministro de Transportes, Óscar Puente. En una entrevista concedida el 17 de agosto a Europa Press, Puente aseguró que la respuesta de Marruecos estaba siendo «comprometida con el problema», calificó de «excelentes» las relaciones entre ambos países y definió directamente al reino alauita como un «aliado imprescindible».
Cinco días antes de finalizar el mes, la posición oficial del Ejecutivo continuaba siendo prácticamente idéntica a la adoptada inmediatamente después de la crisis: cooperación, confianza y ausencia de cualquier acusación directa contra Rabat.
El ministro para la Transformación Digital y de la Función Pública, Óscar López, también defendió esa política. El 20 de agosto señaló en TVE que el Ejecutivo estaba trabajando conjuntamente con Marruecos para afrontar la crisis y consideró imprescindible mantener esa colaboración.
El ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, Ángel Víctor Torres, explicó el 27 de agosto ante la Comisión Mixta de Seguridad Nacional que después del asalto masivo se había llevado a cabo «un trabajo diplomático» y que la cooperación con las autoridades marroquíes se había intensificado.
Torres insistió así en la misma tesis defendida por Interior y Exteriores: la respuesta a lo ocurrido el 30 de julio debía sustentarse en una mayor coordinación con Rabat.
También el ministro de Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes, Félix Bolaños, defendió durante agosto el entendimiento con Marruecos. El 11 de agosto explicó desde Almería que el Gobierno trabajaba con Rabat para lograr la reagrupación familiar en Marruecos de los menores llegados a Ceuta. «Todos y cada uno de los menores. Esa es la prioridad», afirmó.
A finales de agosto volvió a reivindicar la necesidad de «cooperar y tener buenas relaciones de vecindad» con Marruecos y llegó a asegurar que «no existe ninguna evidencia» de que Rabat hubiera impulsado la entrada masiva en Ceuta.