«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
La fecha coincide con el arranque de la invasión

La Policía alertó a las comisarías de Ceuta y Melilla el mismo 30 de julio de un riesgo «extremo» de colapso por una entrada masiva e inmediata de inmigrantes ilegales

LA GACETA ha tenido acceso en exclusiva a una nota informativa del Centro Nacional de Inmigración y Fronteras (CENIF) de la Comisaría General de Extranjería y Fronteras, fechada el 30 de julio y remitida a los puestos fronterizos de Ceuta y Melilla. El documento, elaborado por el grupo de investigación en fuentes abiertas (OSINT), no habla de un rumor. Habla de un riesgo «EXTREMO» de colapso por entradas de inmigrantes ilegales en ambas ciudades autónomas, «previsto con carácter inmediato» y dicho riesgo fue transmitido a las comisarías de Ceuta y Melilla.

La nota recordó que el día anterior ya se había enviado a esos mismos puestos una previsión de escenarios sobre lo que podía ocurrir «el día de hoy». Añade que la información obtenida en redes sociales y aplicaciones de mensajería instantánea muestra «un llamamiento masivo a la movilización» con el objetivo de forzar una entrada ilegal en territorio nacional y que ese llamamiento eleva la alerta a «EXTREMO». El destinatario es exclusivo: Ceuta y Melilla. El sello es de uso policial. La fecha coincide con el arranque de la invasión.

Ese aviso desmonta la tesis de la sorpresa. El CENIF no se limitó a reconstruir los hechos a posteriori. El 30 de julio, mientras el llamamiento circulaba en redes y chats, la Policía Nacional ya había escrito a frontera que el colapso era inmediato. Lo que vino después —decenas de miles de entradas, el CETI desbordado, asentamientos en playas y agresiones al dispositivo— no cayó sobre un servicio que no hubiera leído la mesa.

El propio CENIF ha sostenido después, en el informe remitido a la juez María Tardón y a la Fiscalía, que la invasión de Ceuta no fue un episodio espontáneo, sino una operación planificada y dirigida por agentes marroquíes para vulnerar la frontera española y la soberanía territorial de España y de la Unión Europea. Según esa reconstrucción, gendarmes y otros efectivos guiaron a grupos desde localidades próximas; hombres de paisano supervisaban y daban instrucciones; las tandas se sucedieron —primero jóvenes de 15 a 25 años con neopreno y flotadores, después familias— y cerca de 72.000 personas llegaron a entrar, de las que una parte muy mayoritaria regresó a Marruecos en horas.

La nota del 30 de julio y ese informe posterior son dos caras del mismo expediente. Una es el telegrama de alerta, escrito en presente. La otra es la calificación jurídica y operativa de lo que ya había ocurrido. Entre ambas queda una pregunta política que el papel no formula y que el calendario sí: si frontera recibió aviso de riesgo extremo y de llamamiento masivo el mismo día en que empezó el asalto, qué dispositivo se reforzó, qué orden se dio y por qué la ciudad quedó expuesta al volumen que el propio CENIF acabó cifrando.

El documento insiste en que cualquier novedad relevante se remitiría en nuevas notas. Lo relevante, a esas horas, ya estaba escrito: movilización masiva, entrada ilegal, colapso y carácter inmediato.

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