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Quién es José Cobo

El nuevo arzobispo de Madrid: de sacerdote raso a encabezar la diócesis más importante de España

El nuevo arzobispo de Madrid, José Cobo, junto a su predecesor, el cardenal Carlos Osoro. Europa Press

El Vaticano ha hecho público esta semana el nombramiento de José Cobo Cano como nuevo arzobispo de la archidiócesis de Madrid, en sustitución del cardenal Carlos Osoro, de 78 años, quien pasará a ser arzobispo emérito de la diócesis.

La edad de Cobo, 57 años, augura que su mandato en la diócesis con más peso de España, que dará comienzo el próximo 8 de julio, pueda durar dos décadas, ya que el prelado presentará su renuncia al Papa —preceptiva a los 75 años, aunque puede prorrogarse hasta los 80— en 2040, pudiendo extenderse el cargo hasta 2045.

Además de la importancia del puesto, convertirse en titular de esta archidiócesis suele venir acompañado, más tarde o más temprano, de la birreta cardenalicia. Por tanto, Cobo se ha convertido en una de las figuras que marcarán el devenir de la Iglesia en España en las próximas décadas.

Quién es José Cobo

Nacido el 20 de septiembre de 1965 en Sabiote, Jaén, Cobo es hijo adoptivo de Madrid, ya que llegó a la capital de España cuando tenía siete años, criándose en el barrio de Usera, al sur de la ciudad. Tras completar Derecho en la Universidad Complutense de Madrid en 1988, ingresó en el seminario de la archidiócesis. Fue ordenado sacerdote por el cardenal Suquía, entonces arzobispo de Madrid, el 23 de abril de 1994, tras lo cual completo sus estudios en el Instituto Redentorista de Ciencias Morales de la Universidad Pontificia de Comillas, hasta 1996.

Según recoge la diócesis madrileña, fue viceconsiliario de Hermandades del Trabajo de Madrid de 1994 a 1996 y vicario en la parroquia de San Leopoldo —en el barrio de La Latina— de 1995 al 2000, siendo nombrado arcipreste ese último año. Desde el 2000 hasta 2012 formó parte del Consejo Presbiteral, en un momento en el que la archidiócesis estaba regida por el cardenal Rouco Varela. Ese puesto lo compaginó con el de párroco de San Alfonso María Ligorio, en el sudoeste de la capital, donde estuvo hasta 2015; y con el de arcipreste de Nuestra Señora del Pilar de Aluche-Campamento, donde estuvo hasta el mismo año.

Desde junio de 2015, ya con el cardenal Osoro como arzobispo, ocupó el puesto de vicario episcopal de la Vicaría II Nordeste y, desde diciembre de ese año, pasó a formar parte del Consejo Presbiteral y del Consejo Diocesano de Pastoral.

El gran salto en su cursus honorum se produjo el 29 de diciembre de 2017, cuando se hizo público su nombramiento como obispo auxiliar de Madrid, junto a otros dos compañeros de la archidiócesis. Poco después, pasó a formar parte de la Comisión Episcopal de Pastoral Social —ahora con el añadido: y Promoción Humana—. También es el obispo responsable del Departamento de Migraciones, un asunto central en el pontificado actual.

Si nos ceñimos a la jerga temporal podemos decir que Cobo viene del sector progresista del clero, y así se le ha etiquetado en varios medios y entre los corrillos eclesiales. No son pocos sacerdotes a los que este nombramiento ha sentado como un verdadero jarro de agua fría, dado el larguísimo mandato que le queda por delante; siguiendo con el argot político, llamémosles sacerdotes conservadores. Este grupo, en Madrid, es el mayoritario —de los ambientes conservadores se nutre el cada vez más vacío seminario diocesano—, o el que más peso tiene; y, si Cobo no quiere tener un pontificado como el de su predecesor —que ha podido ver de cerca—, con una parte del clero desencantada, tendrá que equilibrar sus posiciones.

Esta última parece ser la estrategia que ha tomado el arzobispo electo, a juzgar por sus primeras entrevistas. «Entiendo que la gente te etiquete. Si estás con los inmigrantes eres progre… si estás en contra del aborto, ya no eres progre… Yo estoy en contra del aborto, estoy con los inmigrantes y estoy con el Evangelio«, comentó en una entrevista en Telemadrid al hacerse público su nombramiento, preguntado por su etiqueta de progre. No sabemos que significa «estar» con los inmigrantes, pero posicionarse, sin que te lo pidan, en contra del aborto en televisión no es habitual en los prelados progresistas.

«Cuando yo era joven era de Juan Pablo II. Cuando viene Benedicto, somos de Benedicto. Porque da unas pistas y bebemos de esas pistas y es Pedro en ese momento. Viene Francisco y soy de Francisco. Y lo mismo pasa con los obispos», señaló en una otra entrevista en Religión Confidencial. Sobre Rouco, el coco del progresismo eclesial, recordó que estuvo 20 años de cura con él «y le quiero y él lo sabe, y hemos colaborado y me he puesto a su servicio». «Desde fuera puede parecer que hay polarización y puede haber sectores dentro de la Iglesia, pero no es lo mayoritario. El Evangelio nos hace poner el foco en lo importante…así que vamos a dejarnos de tonterías», afirmó.

En la misma entrevista, el nuevo arzobispo también dijo que era más del mes del Sagrado Corazón que del Orgullo gay: «Es el mes del Sagrado Corazón. Orgullo hay muchos, pero Sagrado Corazón solo uno». También se refirió a la polémica de la que dimos cuenta en estas páginas: cómo la archidiócesis había promocionado un acto de una organización de «ideología LGTB».

Cobo primero recordó que Jesús «acoge absolutamente a todos antes de que pregunte de donde viene», pero «otra cosa es que cuando yo acompañe a otra persona, yo le tengo que ofrecer la antropología de la Iglesia y educar en la visión de la Iglesia y que ayude a descubrir la plenitud de la persona», afirmó. «Si la Iglesia no educa, no acompaña, no es Iglesia», dijo. «La Iglesia nunca va a dejar de decir lo que piensa, nuestra antropología y tradición. No obligamos a nadie a que piense así, pero sí le ofrecemos la fascinación del Evangelio», añadió.

Cobo dijo que en tiempos de confusión la Iglesia «necesita dar claramente su verdad». «Yo a cualquier persona le voy a decir la verdad de la Iglesia y la verdad del Evangelio, pero no es una teoría que hay que imponer», dijo el prelado.

En otra entrevista, esta vez en la Cadena SER, defendió el celibato sacerdotal, una de las cosas que el progresismo eclesial desea eliminar. «Para mí el celibato, en un mundo que a veces está pansexualizado, es revolucionario también. Para decir que la sexualidad se puede vivir de otra forma. La experiencia de fe nos puede llevar también a vivir, a ofrecernos y entregar la vida de otra manera. Es una bendición dentro de la Iglesia«, afirmó Cobo.

En la misma cadena aseguró que «no casaría a dos gays». «Según la Iglesia en su tradición y forma de ver la vida, yo creo que el matrimonio es para el hombre y la mujer, en cuanto está así creado, el don del matrimonio, mirado cristianamente, se basa en la complementariedad entre el hombre y la mujer», zanjó. El prelado señalo que no se tienen «que asumir acríticamente las nuevas antropologías que van surgiendo».»Podemos dialogar con ellas, pero no las tenemos que asumir. Yo pido que la sociedad respete nuestra tradición y el sistema de entender un sacramento, el matrimonio como tal», explicó.

La prueba de que en estos momentos iniciales no ha brindado ningún guiño de peso al sector progresista, está en que las declaraciones que, sin duda, han tenido más repercusión fueron acerca de una edificante anécdota de parroquia, y no de las manidas cuestiones de sexualidad o celibato:

«Una señora que estaba en la parroquia, de negro, que parecía que tenía 80 años y tenía 60. Iba a la parroquia y se sentaba delante del sagrario. Entonces nos reíamos un poco porque todos los días llegaba y decía: «Ay», y provocaba risas entre todos. Un mes después, me encontré a Juana y me dijo que se le habían muerto cinco hijos de sida, el marido la maltrataba. Pero yo vengo aquí y delante del señor es con quien me desahogo. Yo pensé, cómo Dios da fortaleza a esta mujer. Juana se convirtió para mi en un icono de fortaleza».

Ante esta historia, el entrevistador le espetó: ¿Y como Dios, si existe, permite eso?

«Y cómo Dios permite que su hijo muriera en una cruz. Porque se queda, porque Dios ha pasado por la vida de Juana y creo que profundamente que nuestro Dios no es Harry Potter, que viene solucionando, sino que hace una cosa que solo puede hacer Dios, cuando estamos mal, él se queda ahí y eso lo he visto muchas veces. Por eso sé que los pobres y los últimos son los primeros que nos van a enseñar la fe».

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