«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Un informe de la Ertzaintza revela un aumento de la delincuencia ligada a los menas

El perfil de los menas en el País Vasco: varones, en edad militar y procedentes del Magreb

Menas en un centro de menores. Redes sociales

En un contexto de caos fronterizo absoluto, donde las fronteras europeas y españolas se han convertido en un colador para la inmigración ilegal, un informe interno de la Ertzaintza —obtenido en exclusiva por LA GACETA— pone el foco en una realidad alarmante: el incremento descontrolado de menas en el País Vasco y su asociación directa con el repunte de la delincuencia. Fechado a primeros de año, este documento confidencial de la Policía vasca detalla tendencias alcistas que deberían hacer saltar todas las alarmas en las instituciones y en la sociedad. Lejos de ser un fenómeno aislado, los menas —mayoritariamente procedentes de perfiles de alto riesgo en el Magreb— están contribuyendo a un deterioro de la seguridad pública, aprovechando la laxitud en los controles migratorios para infiltrarse en nuestro territorio.

Aumento de llegadas tras la crisis sanitaria

El informe revela una evolución preocupante en las llegadas de menas detectadas por la Ertzaintza entre 2017 y 2024. Tras un pico en 2018 con 525 llegadas, la crisis sanitaria provocó un descenso temporal hasta las 146 en 2020. Sin embargo, desde entonces, las cifras no han dejado de escalar: 205 en 2021, 208 en 2022, 217 en 2023 y un salto alarmante a 284 en 2024. Esto representa un incremento del 30,8% sólo en el último año analizado, superando incluso los niveles prepandemia en algunos periodos.

Pero las cifras brutas ocultan una tendencia aún más alarmante, cada vez más MENAS llegan en grupos de 3 o 4 individuos, lo que facilita la coordinación de actividades delictivas una vez en suelo vasco. El documento destaca que, aunque algunos viajan con lazos familiares, la mayoría lo hace en solitario o en pequeñas bandas, exacerbando los riesgos para la convivencia. Esta oleada no es casual; se alimenta del colapso fronterizo en las Islas Canarias, ruta principal para estos perfiles procedentes del norte de África, que luego se dispersan por la península sin apenas controles.

Territorialmente, Vizcaya se lleva la peor parte, concentrando el 65% de las llegadas desde 2017, seguida de Guipúzcoa (29,5%) y Álava (5,5%). Esta distribución desigual sobrecarga los recursos locales, convirtiendo barrios enteros en focos de tensión donde la integración brilla por su ausencia.

Orígenes de alto riesgo: el Magreb domina

El perfil demográfico de estos menas es revelador y preocupante. El 97% son varones, con edades concentradas entre los 16 y 17 años (74% en este rango y sólo el 1,99% menores de 14). Proceden mayoritariamente del Magreb (82% del total), con Marruecos (1.528 casos acumulados) y Argelia (533) a la cabeza. Le siguen países subsaharianos como Senegal (104), Gambia (88) y Guinea Conakry (61), pero el dominio magrebí es abrumador, representando un flujo incontrolado desde regiones conocidas por su inestabilidad social y altos índices de criminalidad juvenil.

El informe subraya que estos menores viajan solos en su mayoría, expuestos a redes de tráfico humano, pero también capaces de convertirse en victimarios. En 2023 y 2024, se detecta un repunte en llegadas desde Argelia, Gambia y Senegal, cuestionando si estas rutas están siendo explotadas por mafias que envían perfiles con antecedentes o propensos a la delincuencia. El cierre de vías como la del Mediterráneo Central (a través de Italia) no ha detenido el flujo; al contrario, lo ha desviado hacia España, agravando la crisis migratoria que vivimos.

Las intervenciones policiales se disparan un 41%

Aquí radica el núcleo más crítico del informe, el vínculo directo entre los menas y el aumento de la delincuencia. La Ertzaintza reporta un incremento del 41,35% en las intervenciones con menas tutelados entre 2021 (682 casos) y 2024 (964 casos). Las detenciones, investigaciones e intervenciones por delitos se han disparado tras la crisis sanitaria. El documento advierte además que muchos de estos menores son reincidentes, con patrones que se repiten desde 2017, incluyendo delitos graves como el tráfico de personas.

Los centros de tutela, gestionados por las diputaciones forales, están saturados: un total de 8.554 menas tutelados en el periodo analizado, con Vizcaya acogiendo el 60% y sufriendo el mayor impacto. Esta sobrecarga genera problemas de seguridad interna, como fugas, conflictos y una integración fallida sistémica, que empuja a muchos de los tutelados hacia la marginalidad. El informe menciona explícitamente que la falta de recursos provoca que los procesos de integración se vean afectados, fomentando un ciclo vicioso donde los menas, lejos de integrarse, contribuyen a la inseguridad urbana.

Además, se observa una tendencia alcista en la edad media. Muchos declaran ser menores para beneficiarse de protecciones legales, pero su perfil real (a menudo cercano a la mayoría de edad) los convierte en un peligro latente para la sociedad vasca. El documento alerta sobre la necesidad de cooperación internacional para monitorizar estos flujos, pero en la práctica, el caos fronterizo permite que perfiles de alto riesgo sigan llegando sin filtros.

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