«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
vía libre para las organizaciones criminales

El temporal evidencia la impunidad del narco en la costa andaluza ante la inacción de Interior

Narcolanchas refugiadas del temporal en la playa de Los Genoveses, en Cabo de Gata (Níjar).

La borrasca Joseph ha vuelto a dejar al descubierto una escena que se repite de forma sistemática en la costa andaluza cada vez que el mal tiempo se impone. Aprovechando el temporal, numerosas narcolanchas han buscado refugio en playas, ríos y puertos deportivos, permaneciendo a plena vista y sin oposición efectiva por parte de las autoridades, en una nueva muestra de la pérdida de control del litoral frente al narcotráfico.

Cuando el mar se embravece, la presencia del Estado en la costa se diluye y deja vía libre a las organizaciones criminales, que operan con una sensación de impunidad cada vez más evidente. Las embarcaciones semirrígidas no se esconden ni se repliegan: ocupan espacios públicos durante horas o incluso días, ante la mirada impotente de los vecinos y de los propios agentes.

Una de las imágenes más reveladoras de esta situación se ha producido en el puerto deportivo de Sancti Petri, en Chiclana de la Frontera. Desde la Asociación Unificada de la Guardia Civil (AUGC) en Cádiz describen un relevo de tripulación de una narcolancha realizado directamente en las instalaciones portuarias. Embarcaciones prohibidas desde hace casi una década atracan sin obstáculos en infraestructuras dependientes de la Administración para cambiar a sus ocupantes, sin necesidad siquiera de emplear lanchas auxiliares.

El fenómeno no se limita a la provincia de Cádiz. En Málaga, el puerto de Caleta de Vélez ha registrado por primera vez la entrada de una de estas ‘gomas’ para protegerse del temporal. Escenas similares se han repetido en Barbate, Conil, en la Playa de la Victoria de Cádiz o en puntos más discretos como el cauce del río Guadalete. Para los sindicatos de la Guardia Civil, estas imágenes suponen “una bofetada a la autoridad” y confirman la grave escasez de medios humanos y materiales frente a unas mafias cada vez más organizadas y sofisticadas.

Según estas fuentes, el refugio costero durante los temporales forma parte de una estrategia perfectamente definida. Las organizaciones criminales evitan así la presión policial en alta mar, reducen el riesgo de persecuciones y se mantienen preparadas para retomar el denominado “petaqueo” en cuanto mejoran las condiciones meteorológicas. Una táctica eficaz ante un despliegue que consideran claramente insuficiente.

El repliegue no se limita al litoral. El pasado sábado, agentes de la Guardia Civil localizaron varias embarcaciones semirrígidas ocultas en distintos caños del municipio sevillano de Aznalcázar, situado entre Sevilla y Almonte. Tras el hallazgo, se activó un dispositivo conjunto con el Servicio Aéreo y el Grupo de Acción Rápida (GAR), que fue respondido con disparos desde las propias narcolanchas. Aunque no se produjeron heridos por arma de fuego, tres agentes del GAR sufrieron lesiones leves y se lograron intervenir dos embarcaciones.

En el Levante almeriense, la situación se ha asumido con una preocupante normalidad. Cada episodio de mal tiempo convierte la costa en un refugio improvisado, con narcolanchas perfectamente visibles desde tierra firme. La capacidad de intimidación y control de estas organizaciones ha relegado a las fuerzas de seguridad a un papel casi testimonial en zonas sensibles como el Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar, donde los agentes se ven obligados a observar cómo las lanchas entran y salen sin posibilidad de actuar de manera efectiva.

La desigualdad de medios resulta determinante. Embarcaciones más rápidas, una logística superior y un conocimiento exhaustivo del terreno juegan a favor del narcotráfico. En municipios como San Juan de los Terreros, en Pulpí, ni siquiera la presencia del buque oceánico Río Duque de Ahumada ha logrado frenar esta actividad, llegando a contabilizarse hasta una veintena de lanchas tipo ‘go fast’.

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