La enfermedad de Newcastle continúa avanzando en España y ya ha obligado a sacrificar alrededor de dos millones de aves desde su reaparición hace apenas siete meses. El virus, altamente contagioso entre aves de corral, ha provocado casi 40 focos en explotaciones españolas y mantiene en alerta al sector avícola por su posible impacto sobre la producción de huevos y carne de pollo, según recoge Libre Mercado.
Aunque la enfermedad no supone un riesgo para la población, sí representa una amenaza directa para las granjas. Cada foco obliga al sacrificio de todos los animales de la explotación, al cierre temporal de las instalaciones y a un largo proceso de limpieza, desinfección y control sanitario antes de poder recuperar la actividad.
El resultado es una combinación de pérdidas económicas, caída de la producción, restricciones al movimiento de animales y encarecimiento de los costes. Si la crisis continúa extendiéndose, los consumidores podrían terminar notando sus efectos en el supermercado.
Castilla y León, epicentro de la crisis
El principal foco de la enfermedad se encuentra en Castilla y León. La expansión comenzó en Valladolid, pero en pocas semanas se ha extendido también a Segovia, Ávila, Salamanca y Zamora. Según los datos del Ministerio de Agricultura y de la Red de Alerta Sanitaria Veterinaria recogidos por NeXusAvicultura, Castilla y León concentra 24 de los 34 brotes registrados en España y 1,65 millones de aves afectadas.
Esto supone más del 84% del total nacional. La magnitud de la crisis ha llevado a la Junta a declarar la emergencia para agilizar las actuaciones sanitarias necesarias. El Consejo de Gobierno ha aprobado además una partida inicial de 1,5 millones de euros destinada a sufragar el sacrificio de las aves, su retirada y eliminación, así como la limpieza y desinfección de las explotaciones afectadas. El objetivo es evitar que esos costes recaigan directamente sobre unos ganaderos que ya sufren la pérdida de sus animales y semanas o meses sin producción.
Brotes encadenados durante julio
La crisis se ha acelerado especialmente durante el mes de julio. En la última actualización del Ministerio de Agricultura se notificaron seis nuevos focos en granjas de pollos de engorde repartidas entre Segovia, Valladolid, Ávila y Salamanca.
Días después apareció otro brote en Íscar, en Valladolid, con 73.792 aves afectadas de forma provisional. El caso de Segovia resulta especialmente llamativo. La provincia pasó en pocas semanas de no registrar casos a convertirse en uno de los principales puntos de expansión del virus.
La mayor parte de las explotaciones afectadas corresponde a pollos de engorde, que representan cerca del 58% de todas las aves sacrificadas. Sin embargo, también se han detectado brotes en granjas de gallinas ponedoras, lo que aumenta la preocupación por el posible impacto sobre el mercado del huevo.
Qué es la enfermedad de Newcastle
La enfermedad de Newcastle es una infección vírica muy contagiosa que afecta principalmente a aves de corral. Puede causar síntomas leves, como problemas respiratorios, decaimiento o bajadas en la puesta de huevos, pero también cuadros graves con elevada mortalidad en explotaciones no vacunadas.
El virus se transmite con facilidad por el aire, el agua, los excrementos y a través de objetos, vehículos o personas que hayan estado en contacto con granjas infectadas. Por eso, los brotes obligan a imponer restricciones inmediatas, inmovilizar explotaciones y aplicar vacíos sanitarios. La vacunación y la bioseguridad son las principales herramientas para contener la enfermedad.
Vacunación obligatoria desde septiembre
Ante la rapidez de la propagación, Castilla y León impondrá desde el 1 de septiembre la vacunación obligatoria en todas las explotaciones comerciales de producción y reproducción. Las aves deberán recibir al menos dos dosis.
No obstante, la vacunación no ofrece una protección absoluta. Diez de los 34 focos detectados hasta ahora se han registrado en granjas que ya habían vacunado a sus animales.
Los expertos recuerdan, aun así, que la inmunización sigue siendo la herramienta más eficaz para reducir la gravedad de los brotes y limitar la difusión del virus.