«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
sumó 508.602 nuevos residentes de un total de 1,34 millones

España concentra casi el 40% del aumento de población de la UE por la llegada masiva de inmigrantes

Colas para la regularización de inmigrantes ilegales en Almería.

España concentró entre 2024 y 2025 el 38% del crecimiento demográfico de toda la Unión Europea como consecuencia de la llegada de inmigrantes, en un contexto marcado por el envejecimiento de la población europea y la caída de habitantes en países como Italia, Grecia, Hungría, Polonia, Rumanía o Chequia. Según los datos de Eurostat, España sumó 508.602 nuevos residentes de un total de 1,34 millones registrados en el conjunto comunitario, pese a que los españoles representan apenas un 11% de la población de la UE.

El aumento poblacional español se sostuvo exclusivamente sobre la inmigración. En ese mismo periodo, la población extranjera creció en 625.976 personas, cerca de 120.000 más que el incremento neto total de habitantes. Esto significa que, sin el flujo migratorio, España habría perdido población.

Además, el país recibió el 30% de todos los nuevos extranjeros llegados a la Unión Europea, una cifra que asciende a 1,08 millones de personas. El fenómeno se mantiene en 2026. Según la última actualización del Instituto Nacional de Estadística (INE), la población extranjera aumentó en 94.182 personas durante el primer trimestre del año, explicando prácticamente la totalidad del crecimiento demográfico registrado en ese periodo, cifrado en 97.021 habitantes.

Actualmente, el número de extranjeros residentes en España alcanza los 7,35 millones de personas. La cifra asciende hasta los 10,15 millones si se incluyen aquellos nacidos en otros países que han adquirido la nacionalidad española.

No obstante, parte de estas estadísticas podría estar sobredimensionada. Algunos inmigrantes utilizan España como puerta de entrada hacia otros países europeos y las bajas en el padrón municipal suelen registrarse con retraso, lo que distorsiona parcialmente los datos oficiales.

El profesor del departamento de Geografía de la Universidad Rovira i Virgili, Joan Alberich, explica a The Objective que «el saldo en el movimiento natural de nacimientos y defunciones ha sido negativo desde 2018». Según detalla, «si no hubiese sido por la inmigración, se estaría perdiendo población, pero esto no pasa, nunca había habido tanta población, porque tenemos un saldo migratorio muy positivo».

El experto sostiene que la estructura demográfica española «no favorece las natalidades» y que el país atraviesa «un envejecimiento progresivo de la población», con una natalidad «a la baja» y una mortalidad relativamente estable.

Alberich subraya además el papel de España como principal vía de entrada hacia Europa para inmigrantes procedentes del norte de África e Iberoamérica. «España es un destino en sí mismo, pero también es la vía de entrada de buena parte de la inmigración que llega a Europa, sin que necesariamente sea el destino final», señala.

El geógrafo advierte además de las limitaciones estadísticas derivadas del padrón municipal. Mientras las altas quedan rápidamente registradas porque permiten acceder a servicios como la sanidad o facilitan procesos de regularización, las bajas suelen acumular retrasos importantes. «Cuando la población se va de España, no se da de baja«, explica Alberich. El INE termina eliminando esos registros tras comprobar durante años la inactividad administrativa o la ausencia de contratos de suministros y alquileres asociados.

Según Alberich, en unos 20 o 25 años regiones como Iberoamérica, África o el sudeste asiático habrán completado su transición demográfica y comenzarán también a envejecer, reduciendo el número de jóvenes dispuestos a emigrar hacia Europa. Este escenario podría desencadenar una competencia creciente entre países europeos para atraer población extranjera en edad de trabajar.

España ya vivió dos grandes oleadas migratorias recientes: la registrada entre 2000 y 2008, antes de la crisis financiera, y la iniciada a partir de 2015, con cifras similares a las de comienzos de siglo salvo durante el paréntesis de la pandemia. Aunque en 2024 y 2025 el ritmo de llegadas «parece que se ha frenado un poco», Alberich advierte de que el crecimiento migratorio sigue siendo «muy, muy grande».

+ en
Fondo newsletter