España se ha situado a la cabeza de los descarrilamientos de tren en la Unión Europea en 2024, un dato que contrasta de forma alarmante con el tamaño real de su red ferroviaria. Según cifras oficiales de Eurostat, citadas por LibreMercado, nuestro país concentró el 19% de todos los descarrilamientos registrados en la UE, a pesar de representar únicamente el 8% del total de kilómetros de vía ferroviaria del conjunto comunitario.
Los datos llegan apenas días después del trágico accidente de Adamuz (Córdoba), que ha dejado 45 fallecidos y más de un centenar de heridos, y que ha obligado a imponer reducciones generalizadas de velocidad en numerosos tramos por motivos de seguridad. Una reacción que, lejos de tranquilizar, ha evidenciado la falta de confianza en el estado real de las infraestructuras.
Desde el Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible se ha tratado de negar cualquier problema estructural. El propio Óscar Puente llegó a afirmar públicamente que se estaba generando “una sensación de inseguridad que no es real”. Sin embargo, las cifras europeas desmontan ese discurso oficial. En 2024 se produjeron 63 descarrilamientos en toda la UE, de los cuales 12 tuvieron lugar en España, el mismo número que en Francia, pero con una red ferroviaria muy inferior.
El contraste se vuelve aún más contundente al analizar la extensión de las líneas. Mientras que la Unión Europea suma 201.314 kilómetros de vías, España aporta 16.217 kilómetros, incluyendo la alta velocidad, donde es líder continental. Aun así, Alemania, con casi 39.000 kilómetros de red, registró solo seis descarrilamientos; Polonia, con más de 19.600 kilómetros, otros seis; e Italia, con una red similar a la española, apenas cuatro.
Lejos de tratarse de un episodio aislado, la tendencia se repite. En 2023, España ya fue el país con más descarrilamientos de la UE, concentrando el 23,5% del total. Y en 2024 también destacó negativamente en colisiones ferroviarias, con 18 accidentes, el 12,2% del total europeo, solo por detrás de Alemania y Francia.
El balance dibuja un escenario preocupante: más accidentes con menos red, en un país que presume de liderazgo en alta velocidad mientras decida el mantenimiento y la seguridad del conjunto del sistema ferroviario, especialmente en cercanías y líneas convencionales. No se trata de alarmismo, sino de una realidad estadística que explica por qué el temor de los usuarios no es fruto de bulos, sino de una gestión política que ha priorizado la propaganda sobre la prevención.