Mientras que algunos países occidentales, como Estados Unidos, han endurecido drásticamente sus políticas frente a los vehículos procedentes de China, España ha optado por abrir sus puertas a la importación de coches fabricados por grupos automovilísticos del gigante asiático. Un ejemplo claro es el reciente contrato aprobado por el Gobierno español para la compra de 4.500 vehículos todoterreno al fabricante chino Changan, una operación valorada en unos 220 millones de euros.
Changan, una de las principales compañías del sector en China y de propiedad estatal, ha desarrollado el modelo que llegará a España: el Hunter, una pick-up de tecnología íntegramente china, creada inicialmente en colaboración con el grupo europeo PSA (Peugeot-Citroën). Este mismo vehículo ya se comercializa en otros mercados bajo distintas marcas, como Peugeot o Fiat, con el nombre de Landtrek.
En este caso, los vehículos llegarán a España a través de Alemania, donde serán sometidos a un proceso de adaptación tecnológica y refuerzo de seguridad: blindaje, protección contra explosivos y sistemas de comunicación de uso militar, entre otros. La operación ha despertado la atención de organismos europeos e internacionales debido al origen estatal del fabricante y al creciente protagonismo de China en sectores estratégicos.