«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
frente a las tesis de Mónica García

Expertos insisten en que el latido fetal forma parte de un proceso vital que comienza en la fecundación

Foto de un bebé.

Las declaraciones de la ministra de Sanidad, Mónica García, en las que afirmó que «tener latido no es tener vida», han vuelto a cobrar relevancia en el debate político y social sobre el aborto, en contraste con la evidencia científica expuesta por especialistas en obstetricia y desarrollo embrionario.

La afirmación, realizada en 2019, choca con el consenso defendido por profesionales médicos como la profesora clínica asociada de Obstetricia y Ginecología de la Universidad de Navarra, Begoña Olartecoechea, quien sostiene que la vida humana comienza «en el momento de la fecundación». Según explica, el cigoto constituye «un ser único e irrepetible», con identidad genética propia desde la primera célula.

Desde el punto de vista biológico, el desarrollo embrionario sigue una secuencia definida. Tras la fecundación, el embrión se implanta en el útero aproximadamente una semana después. Apenas 22 días más tarde, ya es posible detectar el latido cardíaco, uno de los hitos clave en la evolución del nuevo ser humano.

Distintas voces del ámbito provida inciden en este punto. Ana Ruiz, responsable del Refugio Provida, señala a El Debate que «con cinco semanas ya se oye el latido», al tiempo que recuerda que el embrión cuenta ya con ADN propio y un sistema en desarrollo que le permite crecer y organizar sus funciones vitales.

El proceso continúa con rapidez en las semanas siguientes. A partir de la cuarta semana comienzan a formarse las extremidades, mientras que poco después se registran movimientos espontáneos y actividad cerebral detectable. En torno a la séptima semana, el embrión ya presenta rasgos definidos como dedos en manos y pies, e incluso puede realizar movimientos coordinados.

Al inicio de la novena semana, el desarrollo celular alcanza cifras exponenciales y el embrión pasa a denominarse feto. En esta fase, puede realizar acciones como tragar, moverse, tocarse la cara o responder a estímulos básicos. A medida que avanza la gestación, se desarrollan funciones más complejas: desde la percepción de la luz o el reconocimiento de sonidos hasta la formación de huellas dactilares y la maduración progresiva de órganos.

El debate político gira en torno a la interpretación de estos hitos biológicos. Mientras sectores del Gobierno relativizan el valor del latido fetal en las primeras semanas, distintos expertos insisten en que se trata de una fase dentro de un proceso continuo de desarrollo humano que comienza en la fecundación.

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