«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
El Pontífice defiende la vida como una meta de civilización

Histórico discurso de León XIV en el Congreso: «La grandeza moral de una nación se manifiesta en su capacidad de proteger las vidas más frágiles»

El Papa León XIV, durante su intervención en el Congreso de los Diputados. Europa Press

El Papa León XIV ha defendido con vehemencia la vida humana este lunes ante el Congreso de los Diputados durante su histórico discurso ante los diputados de los distintos grupos, así como las principales autoridades del Estado: el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez; la presidenta del Congreso, Francina Armengol; el presidente del Senado, Pedro Rollán; o el presidente del TC, Cándido Conde Pumpido, entre otros.

El Pontífice, que ha tomado la palabra después de que lo hiciera la presidenta de la Cámara Baja, ha desgranado a lo largo de treinta minutos el mandato que tiene la Iglesia Católica en el complejo mundo actual, en el que la autoridad religiosa es consciente de sus límites ante las instituciones públicas y los partidos políticos.

En ese sentido, el Santo Padre ha señalado que «la pluralidad política no debería degenerar en descalificación permanente del adversario» y que «en una convivencia madura, incluso el conflicto puede convertirse en camino hacia la paz«. Así, ha invitado a los diputados a «desarmar el lenguaje» porque «la firmeza no exige desprecio; la discrepancia no conlleva humillación».

El Papa ha ahondado en ese aspecto al añadir que, «sin confundir el plano jurídico con el moral», haya «una justa delimitación del poder público» donde se incluyan «límites morales del poder«. En su opinión, es fundamental que la libertad de las personas, de las comunidades y de las asociaciones «no sea indebidamente restringida».

Una de las partes más significativas del discurso de León XIV ha tenido como protagonista el tema de la dignidad humana, que «no puede quedar subordinada -ha dicho- a consensos sociales mudables o al vaivén de las mayorías de cada momento».

En ese sentido, se ha preguntado si «puede llamarse plenamente justa una comunidad que deja en la sombra al niño aún no nacido, al anciano, al enfermo, a quien sufre en silencio o a quien depende enteramente del cuidado de los demás». Así, considera que la defensa de la vida humana no es una cuestión parcial ni un interés confesional, sino «una meta de civilización».

A su juicio, la «grandeza moral de una nación se manifiesta en su capacidad de proteger vidas que atraviesan mayor fragilidad«, y ha proclamado con toda rotundidad que «toda vida humana debe ser reconocida y custodiada desde su concepción hasta su ocaso natural, en cada circunstancia de su existencia».

También ha avisado de que «el trágico drama migratorio interpela hoy la conciencia de las naciones y el fundamento ético del orden internacional» y «exige una respuesta que mire a las personas, afronte las causas que las obligan a partir y vaya más allá de la mera gestión de flujos».

El Papa ha remarcado que «el mundo atraviesa una profunda crisis espiritual y cultural que se manifiesta en múltiples formas de violencia, polarización y desconfianza recíproca» y, en este contexto, ha apuntado que «la paz se presenta como una aspiración política».

+ en
Fondo newsletter