
Más de 1.000 ilegales —entre adultos y menas— han entrado en Ceuta durante la última semana. El ritmo supera los cien accesos diarios, la inmensa mayoría a nado sorteando el espigón del Tarajal. Esta nueva oleada ha desbordado los dispositivos de seguridad.
Los agentes en el terreno describen una situación que no habían vuelto a vivir desde la invasión de mayo de 2021. Fuentes de la Guardia Civil señalan que el volumen y la continuidad de las entradas, combinados con la falta de medios materiales y humanos, están generando una presión insostenible. La portavoz del SUP, Ana Alarcón, ha trasladado a este medio que los agentes se encuentran completamente desbordados y que resulta urgente disponer de refuerzos inmediatos, así como de instalaciones adecuadas para gestionar este aluvión de entradas ilícitas. Alarcón ha insistido además en la necesidad de una legislación que proteja jurídicamente a los policías y guardias civiles que se enfrentan a estas situaciones.
Las mismas fuentes policiales han confirmado que el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) tiene su capacidad ampliamente superada. En estos momentos, en los alrededores del centro hay más de 500 inmigrantes ilegales acampados a la espera de ser filiados por las autoridades y Cruz Roja. Una vez que estos inmigrantes ilegales pasen al interior del CETI, serán más de 1.200 los internos, sobrepasando el doble de la capacidad máxima declarada. El personal del centro transmite una gran intranquilidad ante los conflictos que podrían surgir por esta saturación extrema.
Las fuentes de la Guardia Civil sostienen categóricamente que Marruecos bloqueará cualquier tipo de devolución. Temen que las autoridades marroquíes utilicen como excusa el actual marco legal español para negarse a readmitir a sus nacionales, lo que complicaría aún más la gestión de la crisis y prolongaría la estancia de los inmigrantes ilegales en territorio español sin que se pueda proceder a su expulsión inmediata.
El episodio recuerda de forma directa al vivido en mayo de 2021. Los agentes que entonces estuvieron en primera línea aseguran que la presión actual presenta dinámicas similares: entradas continuadas a nado, saturación de los recursos y dificultad para mantener el control efectivo de la frontera. La diferencia, según las mismas fuentes, es que ahora la situación se está prolongando en el tiempo y que los medios disponibles no han crecido en la misma proporción que la presión migratoria.
Ante esta situación, tanto desde el SUP como desde la Guardia Civil se insiste en que los refuerzos humanos y materiales siguen siendo insuficientes y que la falta de una estrategia clara a medio plazo está dejando a los efectivos en una posición de vulnerabilidad. Los agentes describen que la sensación en el terreno es de estar conteniendo una avalancha con recursos limitados y sin un horizonte de solución a la vista.
La combinación de más de 1.000 entradas en siete días, la saturación extrema del CETI —con más de 1.200 internos previstos frente a su capacidad máxima—, la falta de medios y la postura categórica de la Guardia Civil sobre un posible bloqueo total de las devoluciones por parte de Marruecos configura un escenario que, según las fuentes policiales consultadas por este medio, resulta insostenible a corto plazo. Ceuta vuelve a estar en el centro de una crisis migratoria que muestra signos de agravamiento y que pone de manifiesto las carencias estructurales del dispositivo de seguridad en la frontera sur.