El presidente de la Diputación de Lugo, el socialista José Tomé, aparece en el centro de una nueva polémica sexual en el PSOE. Varias compañeras dentro de la formación le han denunciado por acoso sexual, un escenario que se suma a los recientes escándalos de Francisco Salazar y Antonio Navarro, ambos también vinculados al partido de Pedro Sánchez y apartados tras acusaciones similares. El caso golpea directamente a un dirigente que hace apenas unos meses se mostraba como abanderado del feminismo institucional.
Tomé se había presentado de forma insistente como defensor de las mujeres y del medio rural. En la clausura de la jornada Mujeres sembrando futuro, celebrada el 17 de octubre dentro del proyecto europeo Agrosocial, el socialista proclamó que «las mujeres son el motor que mantiene vivo el territorio». Aquella iniciativa contaba con 1,9 millones de euros de financiación, según fuentes locales.
Durante aquella intervención subrayó también que «no hay equilibrio territorial sin un rural fuerte, sin mujeres con voz y con oportunidades», una frase que ahora regresa inevitablemente a la actualidad mientras avanzan las denuncias que pesan sobre él.
La Diputación volvió a situar el feminismo en el centro de su agenda en noviembre de 2024, cuando organizó varios actos por el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. La presentadora Beatriz Serén moderó un foro en el que participaron expertas en Derecho como Elena de la Vara y Tasi Aránguez, quienes abordaron cuestiones relacionadas con la violencia machista y los riesgos de captación proxeneta mediante plataformas digitales.
En ese mismo acto, recuerda El Debate, Tomé pidió que el 25 de noviembre fuese una jornada para «alzar la voz con fuerza» y para exigir que las mujeres viviesen «sin miedo, sin sufrimiento y sin opresión». Su mensaje, entonces celebrado por la institución provincial, contrasta con la situación actual que abre dudas sobre la coherencia del discurso socialista.
El presidente lucense aprovechó también el 8-M para reforzar su imagen de dirigente comprometido con la igualdad. En 2024 animó a la sociedad a «avanzar» hacia lo que calificó como un «proyecto social irrenunciable». Aplaudió además a la juventud por ser, a su juicio, el «principal nicho de igualdad», y defendió la formación en igualdad como clave para el futuro.
Tomé fue más allá y reclamó que todas las políticas públicas incorporasen una «perspectiva feminista». Sostuvo que el feminismo debía materializarse en servicios como escuelas infantiles o residencias de mayores y que la igualdad era una tarea colectiva: «Las conquistas en materia de igualdad no son inamovibles ni permanentes. No se puede parar», advirtió. También insistió en que las necesidades entre zonas urbanas y rurales no coincidían y que había que impedir que esa brecha creciera.
Esa imagen de dirigente profundamente comprometido con la causa feminista se ve hoy cuestionada por las denuncias internas que le señalan. Lo que Tomé describía como una defensa firme de la igualdad se enfrenta ahora a un escenario que pone en evidencia la distancia entre su retórica pública y las acusaciones que han salido a la luz dentro de su propio partido.