La alta velocidad española atraviesa una crisis de confianza que está alterando los hábitos de movilidad de los viajeros, especialmente en el corredor Madrid-Barcelona, uno de los principales ejes de los desplazamientos por motivos laborales. Las averías, los retrasos, las restricciones y la pésima gestión han impulsado a parte de los usuarios a considerar el avión una alternativa más fiable para cumplir sus compromisos.
El último episodio ha sido el incendio de un tren AVE de Renfe, que mantendrá alterada la circulación entre Madrid y Barcelona, al menos, hasta el jueves 22 de octubre. La incidencia se suma a un año marcado por los problemas operativos en la red ferroviaria. Desde el 5 de febrero, además, los tiempos programados de viaje entre ambas ciudades se ampliaron en 25 minutos y se suprimieron los últimos servicios diarios para facilitar las tareas de mantenimiento nocturno.
Los datos de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) reflejan el deterioro de la demanda. Durante el primer trimestre de 2026, el corredor Madrid-Barcelona perdió alrededor de 600.000 viajeros respecto al mismo periodo de 2025, un descenso del 17%. Entre abril y junio, la caída alcanzó otros 518.000 pasajeros, un 13% menos. En conjunto, más de 1,1 millones de viajeros dejaron de utilizar este corredor ferroviario durante el primer semestre.
En los trayectos directos entre ambas capitales, el descenso también fue significativo: un 16% durante los tres primeros meses del año y un 12% en el segundo trimestre, con más de 600.000 pasajeros menos.
En paralelo, el transporte aéreo ha ganado usuarios, según avanza VozPópuli. Según los datos de Aena, el avión aumentó sus pasajeros entre Madrid y Barcelona un 3% en el primer trimestre y un 7% en el segundo. Durante la primera mitad de 2026, más de 1,9 millones de personas volaron entre los aeropuertos de Barajas y El Prat, un 5% más que un año antes. En el tercer trimestre, el tráfico creció otro 3%.
El deterioro ferroviario también ha afectado a otros corredores. Una encuesta de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), realizada en abril, revela que el 62% de los usuarios de alta velocidad o larga distancia consultados había sufrido problemas frecuentes de puntualidad. En el 35% de los casos, los retrasos superaron los 30 minutos.
Los accidentes de Adamuz, el 18 de enero, y Gelida, dos días después, agravaron las dificultades de una red que ya acumulaba incidencias. La conexión Madrid-Sevilla permaneció interrumpida hasta el 17 de febrero y registró una caída de viajeros del 27% en el primer trimestre. Entre abril y junio, el descenso fue del 5%, hasta unos 1,55 millones de pasajeros.
La situación fue aún más grave en el corredor Madrid-Málaga/Granada. Al accidente de Adamuz se sumó un desprendimiento de tierra cerca de Álora que interrumpió la línea hasta el 30 de abril. La circulación por ambas vías no se recuperó por completo hasta el 17 de julio. El corredor perdió un 61% de sus viajeros en el primer trimestre y un 30% en el segundo, hasta aproximadamente 461.000 usuarios.
Las conexiones con Valencia y Alicante resistieron mejor, aunque también registraron descensos. Madrid-Valencia perdió un 8% de viajeros en el primer trimestre y un 4% en el segundo, mientras que Madrid-Alicante retrocedió un 6% y un 3%, respectivamente.