
La Fundación Miguel Ángel Blanco ha recordado que el respeto al ‘espíritu de Ermua’, ese movimiento social de repulsa a la banda terrorista, exige «no claudicar ante la legitimación del terrorismo, ante su blanqueamiento, ante la impunidad que los terroristas y sus cómplices imponen cada día». En el 27º aniversario del asesinato del concejal del PP, la entidad ha hecho un llamamiento a no olvidar lo que representó aquel crimen y el despertar cívico que provocó en toda España.
En su manifiesto, la Fundación denuncia que la herencia ideológica de ETA sigue viva a través de EH Bildu, una formación que, a su juicio, no ha roto con el pasado violento ni ha mostrado un rechazo claro a la violencia ejercida por la banda. Señalan además que la formación abertzale ha incluido en sus listas a condenados por terrorismo y que continúa sosteniendo los fines políticos por los que tantos inocentes fueron perseguidos y asesinados.
Esta situación, denuncian, se agrava por el papel que EH Bildu desempeña actualmente como socio parlamentario del Gobierno, lo que —en palabras de la Fundación— “otorga más poder a quienes nunca se han desmarcado del terror”. En su opinión, los pactos sellados por el Ejecutivo con este tipo de aliados suponen una humillación para las víctimas y un retroceso en la dignidad democrática.
En la misma línea se ha expresado el expresidente de Aragón, Javier Lambán, que ha mostrado su consternación en redes sociales. “Produce ira que los herederos de ETA influyan en las decisiones del Gobierno mientras tantos han olvidado el ‘espíritu de Ermua’”, ha lamentado el dirigente socialista, uno de los pocos dentro del PSOE que se ha mostrado abiertamente crítico con Pedro Sánchez, junto al también presidente autonómico Emiliano García-Page.
La Fundación insiste en que, lejos de ser un tema superado, la memoria de las víctimas sigue siendo un deber colectivo. “Compartir lo vivido, recordar el sufrimiento y transmitirlo a los jóvenes que no vivieron aquellos años es una obligación moral”, señalan. En ese sentido, denuncian que el relato de ETA y su historia criminal sigue ausente en buena parte del sistema educativo.
Como ejemplo, mencionan que en comunidades como Cataluña, la Comunidad Valenciana o el País Vasco, el terrorismo etarra apenas se aborda en los planes de estudio del Bachillerato. De hecho, en el País Vasco sólo 14 de más de 500 institutos tienen contenidos específicos sobre este periodo trágico de la historia reciente.
La muerte de Miguel Ángel Blanco, concejal del PP en Ermua, a manos del etarra Javier García Gaztelu, alias ‘Txapote’, tras dos días de secuestro, marcó un punto de inflexión social. Junto a él participaron en el crimen Irantzu Gallastegui, ‘Amaia’, y José Luis Geresta, ‘Oker’. Aquel 13 de julio de 1997, tras dos disparos en la cabeza, se apagó su vida pero nació un clamor colectivo por la justicia, la unidad frente al terror y la defensa del Estado de derecho.
Veintisiete años después, la Fundación que lleva su nombre reclama lo mismo que entonces: firmeza democrática, aislamiento de los violentos y compromiso con las víctimas. Frente al olvido, exigen memoria. Frente a la cesión política, dignidad.