Un año después de la riada que arrasó la provincia de Valencia, la hostelería sigue contando las heridas. Entre 1.800 y 2.000 bares y restaurantes de 26 municipios quedaron devastados por las lluvias torrenciales que golpearon la zona en 2024. Hoy, solo tres de cada cuatro han logrado reabrir sus puertas, mientras un 10% continúa en obras y otro 15% ha decidido cerrar definitivamente, según confirma el presidente de la Confederación Empresarial de Hostelería y Turismo de la Comunidad Valenciana (Conhostur), Manuel Espinar a The Objective.
El golpe económico para este sector clave ha sido brutal. A las pérdidas materiales y personales provocadas por el temporal, se ha sumado una lenta recuperación marcada por la falta de ayudas y el desplome del consumo local. «La gente ha ido abriendo conforme han ido llegando las ayudas, pero muchas han tardado demasiado», lamenta Espinar. Las subvenciones estatales, explica, se limitaron a compensar los daños en los vehículos, y no llegaron hasta noviembre. «El resto, las autonómicas, siguen retrasándose. Y tener la persiana bajada cuesta mucho dinero», advierte.
Según Conhostur, la mayoría de los negocios que resistieron lo hicieron gracias a su capacidad de reinvención. Muchos aprovecharon la reapertura para mejorar la calidad de su oferta o reformar sus locales, aunque con un margen financiero mínimo. «La resiliencia económica de la hostelería apenas alcanza los 20 o 25 días. Hemos pasado un auténtico infierno pagando alquileres y gastos fijos sin ingresos», reconoce Espinar.
A esta asfixia económica se suma la pérdida de confianza. El endeudamiento del sector apenas alcanza el 7%, un dato que refleja, según el representante de los hosteleros, la falta de fe en el futuro inmediato. «El sector no está accediendo a nuevas financiaciones, y eso muestra la desconfianza tanto en el presente como en el futuro«, explica.
El problema no es sólo de los empresarios. Las familias de la zona, duramente golpeadas por las pérdidas del temporal, la inflación y la presión fiscal, han reducido su gasto en ocio y restauración. «El público local ha visto mermada su renta disponible y el ticket medio ha caído un 35% respecto al año anterior», detalla el presidente de Conhostur. Las empresas también han recortado su gasto en representación y publicidad, agravando la situación.
Desde el sector reclaman ahora a la Generalidad Valenciana que active los bonos restaurante aprobados, por valor de 3,4 millones de euros, destinados a reactivar el consumo en las 26 poblaciones más afectadas. «Será una herramienta clave para dinamizar la zona», concluye Espinar, que insiste en que la hostelería valenciana necesita algo más que paciencia para volver a respirar.