Decenas de jóvenes han recorrido las calles de Guecho (Vizcaya) portando una pancarta con el lema «Euskara gara» mientras encabezaban la marcha de la Korrika junto a la imagen de Orkatz Gallastegi Sodupe, condenado por su implicación en acciones de kale borroka y por colaborar en el asesinato del juez José María Lidón en 2001.
La presencia de esta fotografía no fue un hecho aislado. Durante el recorrido por la localidad vizcaína también se exhibieron imágenes de sus hermanas, Irantzu y Lexuri Gallastegi, igualmente condenadas por delitos de terrorismo y actualmente en prisión. Estas escenas han generado una fuerte polémica y han reavivado las críticas sobre el uso político de un evento vinculado a la promoción del euskera.
Las denuncias no se limitaron a Guecho. El Colectivo de Víctimas del Terrorismo (Covite) ha alertado de que en San Sebastián varios exmiembros de ETA participaron activamente en la carrera, llegando incluso a portar el testigo durante uno de los relevos en la Parte Vieja. Según la asociación, en un vídeo difundido en redes se identifica a Balbino Sáenz, Mikel San Argimiro y Xabier Atristain mientras otros participantes coreaban consignas a favor de los presos de la banda.
Covite sostiene que estos episodios refuerzan la idea de que la Korrika se ha convertido en un espacio donde se blanquea el pasado terrorista. A estas críticas se suman las imágenes registradas en otras localidades guipuzcoanas como Lasarte-Oria, donde también se mostraron siluetas de antiguos miembros de ETA.
El recorrido continuó posteriormente por Berango, donde el Ayuntamiento denunció la aparición de múltiples pintadas reclamando la amnistía para presos y en apoyo a los denominados «16 de Berango», juzgados por organizar un recibimiento a un exrecluso de la organización. El Consistorio, gobernado por el PNV, condenó estos actos y expresó su rechazo a la utilización política del euskera, subrayando que la lengua debe quedar al margen de la confrontación ideológica.
En la misma línea, la Fundación Fernando Buesa criticó que la marcha, concebida para fomentar el uso del euskera, esté siendo utilizada para exhibir símbolos y mensajes relacionados con ETA, denunciando además la falta de reacción por parte de las instituciones públicas.
Mientras tanto, el trasfondo de algunos de los protagonistas vuelve a situarse en el foco. Orkatz Gallastegi fue condenado, entre otros hechos, por participar en ataques con explosivos y sabotajes en Guecho a comienzos de los años 2000. Las investigaciones que permitieron su identificación incluyeron pruebas de ADN recogidas por la Ertzaintza en objetos utilizados durante los ataques.
La sucesión de estos episodios a lo largo del recorrido de la Korrika ha intensificado el debate sobre los límites entre la reivindicación cultural y la instrumentalización política, en un contexto especialmente sensible para las víctimas del terrorismo.