«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
ASAJA Murcia ha advertido de que el sector hortofrutícola puede verse abocado a un escenario de colapso

Los jóvenes agricultores alertan del avance de la competencia desleal de Marruecos y exigen a cláusulas espejo para salvar el campo español

Agricultura en Murcia. Europa Press.

Los jóvenes agricultores han vuelto a denunciar la competencia desleal de Marruecos y han exigido a Bruselas la aplicación urgente de cláusulas espejo para impedir que los productos de terceros países entren en el mercado europeo con estándares más laxos que los exigidos al campo español, según informa Vozpópuli.

ASAJA Murcia ha advertido de que el sector hortofrutícola puede verse abocado a un escenario de colapso si la Unión Europea no corrige las distorsiones que está provocando la entrada masiva de frutas y hortalizas procedentes de Marruecos. La organización agraria sostiene que esta situación erosiona la rentabilidad de las explotaciones murcianas y compromete su viabilidad a medio plazo.

El problema, insisten los agricultores, no es competir, sino competir en inferioridad de condiciones. Los productores españoles están sometidos a una de las normativas más exigentes del mundo en materia laboral, medioambiental, fitosanitaria y burocrática, mientras que las importaciones extracomunitarias acceden al mercado europeo con costes de producción mucho menores.

En regiones como Murcia, cultivos estratégicos como el tomate, el pimiento, el calabacín, el melón, la sandía o los cítricos sufren una presión creciente por la llegada de productos marroquíes. El aumento de estas importaciones empuja los precios en origen a la baja, reduce los márgenes y amenaza tanto a agricultores como a cooperativas.

A esta presión económica se suma la preocupación por el uso de determinadas materias activas en terceros países, algunas de ellas prohibidas en la Unión Europea. Para ASAJA, no se trata sólo de una cuestión comercial, sino también de un posible riesgo fitosanitario que exige mayor vigilancia en frontera.

Por ello, la principal reivindicación del sector son las cláusulas espejo: que cualquier producto que entre en la UE esté obligado a cumplir exactamente las mismas exigencias que soportan los agricultores europeos. Sin reciprocidad real, denuncian, el mercado común se convierte en una trampa contra sus propios productores.

ASAJA Murcia reclama además un refuerzo de los controles fronterizos, una revisión de los acuerdos comerciales firmados por Bruselas y más transparencia en el etiquetado de origen, para que el consumidor sepa con claridad qué está comprando y bajo qué condiciones se ha producido.

La organización critica que la Unión Europea siga cerrando acuerdos comerciales con terceros países sin garantizar condiciones equivalentes para el campo europeo. En la práctica, Bruselas impone cada vez más cargas a sus agricultores mientras abre la puerta a competidores que no sufren la misma presión regulatoria.

Las consecuencias ya empiezan a verse en las explotaciones. La combinación de precios bajos, costes al alza —energía, agua, fertilizantes, salarios— y una carga burocrática creciente está empujando a muchos productores a plantearse el abandono de la actividad.

El riesgo no es sólo económico. La desaparición de explotaciones familiares supondría un golpe directo al empleo rural, al tejido cooperativo, al equilibrio territorial y a la soberanía alimentaria española. Donde desaparece el agricultor, avanza el abandono del campo y la dependencia exterior.

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