«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
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la misma línea argumental que se puede leer en la web de la ONU

La ley del «sólo sí es sí»: una puerta abierta a la pedofilia y la pederastia

La secretaria general de Podemos y ministra de Derechos Sociales y Agenda 2030, Ione Belarra (i) y la ministra de Igualdad, Irene Montero. Europa Press
La ministra de Derechos Sociales y Agenda 2030, Ione Belarra, y la ministra de Igualdad, Irene Montero. Europa Press

No se le ha dado la suficiente importancia a lo sucedido el pasado 21 de septiembre en una Sala de Comisión del Congreso de los Diputados cuando Irene Montero expresó que los niños tienen «derecho a tener relaciones sexuales con quien les dé la gana«. Así, desde su cargo de ministra, y presentándose a sí misma como la gran defensora de los niños, abrió una puerta a la pedofilia y la pederastia.

Sin embargo, el exceso verbal de la ministra puede ayudar a despertar a la sociedad española. Sin embargo, no se trata de algo nuevo en la historia de la humanidad; en los últimos años, gracias a las facilidades que ofrece internet, están proliferando redes internacionales de pedófilos y pederastas, asiduos consumidores de pornografía infantil. Pozo del que proceden ciber acosos y hostigamiento a menores, grooming e, incluso, violaciones y torturas a niños visualizadas vía streaming

Según un estudio de Interpol sobre la explotación sexual de menores, cuanto más joven es la víctima, más grave es el abuso: el 84% de las imágenes de pornografía infantil contiene actividad sexual explícita; más del 60% de las víctimas no identificadas son prepubescentes, inclusive bebés y niños pequeños. Su base de datos contiene más de 4,3 millones de imágenes y vídeos, y ha ayudado a identificar a 14.500 delincuentes y a más de 32.000 víctimas. Se tiene certeza de personas de 68 países conectadas con estos fines. Y todos estos datos no son más que la punta de un iceberg repugnante, de un sucio negocio que mueve cantidades ingentes de dinero destrozando la vida de miles de niños.

De las declaraciones de la ministra Irene Montero resulta especialmente significativa la apostilla repetida dos veces con vehemencia: «Si ellos no quieren, si ellos no quieren». Recuerda el mantra que ha repetido hasta la saciedad en su defensa de la pésima ley del «sólo sí es sí», de la que se ha derivado la rebaja de penas y excarcelación de cientos de violadores y pederastas.

Si aceptamos la legitimación de lo que está dando a entender porque los niños —supuestamente— así lo quieren en ocasiones, estamos aceptando que puede haber ocasiones en las que los actos de pedofilia y/o pederastia estén legitimados

Aunque suene alarmante —porque lo es—, es la misma línea argumental que se puede leer en la web de la ONU. Por ejemplo:

«Las conductas sexuales en las que participan personas que no han alcanzado la edad mínima de consentimiento para mantener relaciones sexuales prescrita en el país pueden ser consensuales de hecho, aunque no sean legales».

Se trata de un nuevo intento de la ONU de pretender unir a las naciones mientras pisotea su soberanía y sus derechos más fundamentales. En este caso, atentando contra la integridad física y moral de los menores, pero dicho con otras palabras-pantalla: «La conducta sexual consensual (recuerden el «si ellos no quieren») de las personas menores de 18 años».

«En este contexto, la aplicación del derecho penal debe reflejar los derechos y la capacidad de las personas menores de 18 años para adoptar decisiones sobre la conducta sexual consensual y su derecho a ser oídas en los asuntos que les conciernen. De conformidad con la evolución de sus capacidades y su autonomía progresiva, las personas menores de 18 años deben participar en las decisiones que les afecten, teniendo debidamente en cuenta su edad, madurez e interés superior», continúa el texto.

En resumen, lo mismo que Irene Montero, pero con expresión más opaca.

Quizá la ministra de Igualdad piense sinceramente que está ayudando a los niños, o simplemente cumpla órdenes de arriba pero, en cualquier caso, lo que está sugiriendo, abrir la mano y tener cierta tolerancia hacia la pedofilia y la pederastia —añadan aquí la palabra consentimiento tantas veces como quieran—, sería nefasto para los niños por las terribles consecuencias que este tipo de experiencias tienen para ellos: hundir su autoestima, interferir en la construcción de su propia personalidad, afectar a su desarrollo cognitivo y emocional, fracaso escolar, desarrollar enfermedades mentales y daños físicos, depresión crónica, estrés postraumático (en el que la víctima puede, o no, recordar el abuso), trastornos de ansiedad, suicidio… 

Escuchar semejantes palabras en boca de una ministra, y en la sede de la soberanía nacional, delata una intención a la vez que da una idea del poder que este cáncer ha alcanzado. 

Ante este panorama, ¿qué se está haciendo para proteger a los niños y adolescentes de estas maniobras políticas que buscan allanar el camino a prácticas aberrantes? Un ejemplo: en EE.UU., el estado de Florida actualmente tiene en estudio dos proyectos de ley que proponen la pena de muerte para las personas que cometan agresión sexual contra niños. La pena de muerte no es la medida adecuada, pero sí lo es el intentar actuar con la máxima dureza contra este tipo de comportamientos.

Aquí en España, tras la arenga de la ministra Irene Montero, varios diputados de Vox —entre ellos el propio Santiago Abascal— se manifestaron con fuerza en defensa de los niños y en contra de las insinuaciones de Ia ministra. La diputada Carla Toscano escribió en su perfil de Twitter: «Esto es corrupción de menores y apología de la pederastia». Y los partidos Vox y Ciudadanos urgieron su dimisión y el cierre del Ministerio de Igualdad.

Pero eso no es suficiente. No basta con que dos partidos se opongan. Cualquier fuerza política que pretenda ser merecedora del apoyo ciudadano debe mostrarse radicalmente en contra de tales aberraciones, y dispuesta a luchar sinceramente contra ellas. Pero esto no es así. Lo pudimos comprobar cuando los partidos que conforman el gobierno y el PP votaron en contra de una enmienda presentada por Vox a la ley del “sólo sí es sí” que pretendía endurecer las penas para violadores y pederastas.

Irene Montero no es más que un elemento más —prescindible y mejorable— de un monstruo con muchas cabezas —la mayoría de ellas invisibles, pero reales y poderosas—, que debe ser derrotado sin contemplaciones ni miramientos. El gobierno, las compañías tecnológicas, las instituciones, etc., cada uno en su ámbito, deben tomar cartas en el asunto y proteger a los niños. Porque cuanto más crezca el monstruo, más difícil va a ser detenerlo.

Ante este escenario, y con gobernantes convencidos de que «los hijos no son de los padres» sino del Estado, no basta la legislación y los medios que hemos tenido hasta ahora. Es preciso elevar las penas de los delitos de pederastia, dotar de más y mejores medios materiales y legales a la Policía; perseguir más eficazmente todavía su promoción en medios de comunicación y en internet (también de la pornografía infantil y la pedofilia, que es el trastorno que sudyace detrás); controlar que las Fiscalías de Menores cumplan con su misión en este asunto… 

Cualquier medio que pueda ser eficaz ha de ponerse en práctica de forma impostergable. Se deben tomar medidas contundentes para prevenir este tipo de abusos como viene haciendo la Iglesia, la única institución que ha sido señalada por este problema, pero no la única —ni mucho menos— en la que se da, ya que está presente en todas las esferas y ámbitos de la sociedad, casi sin excepción. 

El nuevo Gobierno de España que saldrá de las urnas este mismo año deberá afrontar esta cuestión y tratar de proteger de esta lacra a niños y adolescentes de la manera más eficaz posible. 

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