
La Policía Nacional ha descubierto en Marbella (Málaga) el primer «narcozulo» de grandes dimensiones localizado en el sur de España, un escondite subterráneo en el que se ocultaban más de una tonelada de cocaína. La operación se saldó con cuatro detenidos —tres marroquíes y un español— y con la incautación de armas largas consideradas de guerra.
Según explicó el comisario de la Udyco (Unidad de Drogas y Crimen Organizado), Alberto Morales, se trata de una estructura inédita en la zona, ya que hasta ahora lo habitual era encontrar bidones enterrados o escondites dentro de naves o viviendas, pero no cavidades subterráneas de gran tamaño diseñadas específicamente para ocultar droga.
El escondite, excavado bajo tierra «a modo de caleta», se encontraba en una zona boscosa del bosque de Ricmar, en el distrito de Las Chapas, en Marbella. En su interior los agentes hallaron 30 fardos con un total de 1.056 kilos de cocaína.
El narcozulo contaba además con cámaras de vigilancia e inhibidores de frecuencia, un sistema destinado a controlar el acceso al lugar y evitar la intervención policial.
La investigación comenzó cuando los agentes detectaron la posible presencia de un alijo de droga en una zona costera cercana a un área residencial. Durante el operativo observaron un vehículo de alta gama que realizó maniobras durante cerca de una hora, aparentemente con la intención de comprobar si había presencia policial.
Cuando los policías accedieron finalmente a la zona boscosa localizaron a tres individuos, dos de ellos armados con subfusiles y vestidos con chalecos de la Guardia Civil, que estaban golpeando a una tercera persona en lo que en el argot del narcotráfico se conoce como un «vuelco», es decir, el robo de droga a otra organización criminal.
Al verse sorprendidos, los sospechosos abrieron fuego contra los agentes, que iniciaron una persecución a pie hasta lograr detener a los cuatro implicados.
Durante la operación se incautaron tres vehículos de alta gama —dos de ellos robados en Francia y España—, además de un fusil AK-47, un fusil de asalto AR-15, un subfusil tipo UZI, tres armas cortas, material policial, equipos de transmisión e inhibidores de frecuencia.
Los arrestados fueron puestos a disposición judicial por tentativa de homicidio, tenencia ilícita de armas, tráfico de drogas, pertenencia a grupo criminal, robo de vehículos y falsedad documental. En una segunda operación distinta, la Policía también localizó en Algeciras (Cádiz) un vehículo Toyota con las matrículas dobladas en cuyo interior había un depósito con 25 armas de fuego, destinadas presuntamente a organizaciones de narcotráfico.
Entre el arsenal intervenido había 19 fusiles AK-47 y seis armas cortas. En relación con este hallazgo fue detenido un ciudadano marroquí, identificado tras labores de vigilancia policial.
El comisario jefe de la Brigada Central de Estupefacientes ha advertido de que cada vez es más frecuente encontrar armas largas en manos de los narcotraficantes, muchas de ellas procedentes del conflicto en Ucrania.
En los últimos seis meses se han incautado más de 50 fusiles, que llegan a España por vía terrestre y a menudo en un estado que dificulta rastrear su origen. Su precio en el mercado ilegal oscila entre 2.000 y 2.500 euros por unidad. Según la Policía, los narcotraficantes no dudan en utilizar estas armas tanto contra otras organizaciones criminales como contra las fuerzas de seguridad para proteger sus cargamentos.