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Este artículo se publicó en La Gaceta antes de convertirse en La Gaceta de la Iberosfera, no siendo entonces propiedad de Fundación Disenso.

La ‘primavera árabe’ catalana, de la ‘resistencia pacífica’ a la independencia violenta

El separatismo catalán dirigido por Puigdemont copia el modelo de las primaveras árabes diseñado por Gene Sharp. Luego llegará la violencia

Quien piense que la movilización social separatista en Cataluña es espontánea, se equivoca radicalmente. Nada está pasando en la calle entre las movilizadas masas separatistas sin que sea totalmente controlado y dirigido hacia el fin último de la independencia. Y todo lleva meses preparándose. Concretamente tres meses, los mismos que llevan preparándose los Comités de Defensa del Referéndum (CDR).
Son grupos radicales de separatistas controlados por las CUP, el más extremista de los partidos lanzados al desafío separatista. Hace un año hicieron un ensayo en el denominado “banco expropiado” del barrio de Gracia, y vieron que les salió bien: repercusión mediática y capacidad de movilización durante un periodo de tiempo prolongado.
Desde principios de verano comenzaron a preparar los CDR. En principio vendieron a Carlos Puigdemont que serían voluntarios para colaborar con la organización y desarrollo de la jornada del 1 de octubre. También trabajarían los días siguientes en los trámites del proceso y, lo más importante de todo ello: serían los que controlarían a “la masa” en el ejercicio de una resistencia pacífica. Tenían claro que su objetivo era el de las primaveras árabes y, al igual que en esos casos, ya llegaría el momento de la violencia que tanto gusta a la CUP y a sus asociaciones satélites como Arran.
Ahora, en los días siguientes al referéndum, son los que están movilizando a los separatistas y organizando los acosos ante los cuarteles de la Guardia Civil y las comisarías de la Policía Nacional. Su organización les permite mantenerse activos por tiempo indefinido y son lo suficientemente numerosos como para organizar turnos que les permitan la presencia continuada en las calles.
Su primera prueba de fuego ha sido con la huelga del pasado día 3 de octubre. Allí, lejos de actuaciones de sindicatos -como correspondería a una convocatoria de este tipo- fueron los componentes de las CDR quienes cargaron con el peso de la organización. Todo tenía que salir bien, es decir, dando una imagen de resistencia pacífica que les haga ganar apoyos internacionales y corrientes de simpatía en España, especialmente entre partidos antisistema como Podemos y los restos de Izquierda Unida.

De la resistencia a la iniciativa

La resistencia pacífica, empleada por Gandhi durante las campañas de independencia de la India, viene empleándose en numerosas ocasiones. Pero hay que recordar que no es tan pacífica, porque tiene una segunda fase en la que se produce necesariamente una oleada de violencia; ni solamente resistencia: debe tomar la iniciativa para triunfar.
Hace décadas que dos autores, vinculados con la extrema izquierda norteamericana, vienen llamando a la destrucción del sistema político empleando estos procedimientos. Uno de ellos, el más conocido, fue Noam Chomsky. Su procedimiento se empleó durante los años setenta y ochenta en Hispanoamérica entre las guerrillas comunistas.
El segundo autor es el filósofo y profesor Gene Sharp. Considerado como el autor intelectual de las primaveras árabes. Su técnica es mucho más expeditiva que la propuesta por Chomsky y está siendo la hoja de ruta para los separatistas catalanes.
Sharp propone un modelo de “desobediencia a las leyes ilegítimas”. Y a nadie se le puede escapar que le denominado procés se ha basado en la consideración de la ilegitimidad de las leyes españolas. Los políticos separatistas llevan años calificándolas así, y en los últimos meses ha sido el eje central del discurso secesionista.
Esa desobediencia a leyes ilegítimas, según Sharp, debe ir ligada a la no aceptación de responsabilidades institucionales, como viene haciendo el Ejecutivo catalán. También se produce una presión sobre grupos sociales para que se suman a la resistencia. Y para que todo ello fructifique debe movilizarse a los sectores estudiantiles, que en el caso catalán se encuentran totalmente ideologizados.
Una vez que todo esto se ha logrado, y en el caso del separatismo catalán esto viene de lejos, hay que hacerse presente en la calle con la proliferación de símbolos identificables con el movimiento de resistencia. Es lo que ha ocurrido en Cataluña en los últimos meses con la aparición por miles de las pancartas con el lema “Sí” y el cambio de la bandera oficial de Cataluña -rojigualda cuatribarrada- por la estelada, que es la bandera separatista.
Una vez que un grupo amplio de gente está vinculada a estos símbolos y movimientos, aparecen movilizaciones más llamativas y contundentes: la toma de edificios emblemáticos o sus inmediaciones, el rechazo de quienes no piensan igual, las marchas y caravanas callejeras y las denominadas vigilias o guardias que pueden ser ruidosas, como caceroladas o pitadas.
Nada de esto es nuevo. Sharp lleva décadas pontificando sobre estas técnicas. Su primer libro al respecto es de 1973 “Política y acción no violenta». Pero después de las primaveras árabes, cuarenta años después del primero y con las correcciones que pudo hacer con la experiencia en el norte de África, escribió “De la dictadura a la democracia”. Lo que no ha hecho todavía es contar que en los lugares en los que se vivieron las primaveras árabes hay ahora regímenes dictatoriales con el agravante del integrismo islámico.

El paso a la acción y la violencia

Hasta ahora, el golpe de Estado que se pretende dar en Cataluña está en este extremo. Pero preocupa a las autoridades españolas la difusión, entre los elementos más radicales del separatismo, de guías de violencia callejera. Y, como ocurrió en las primaveras árabes, tras el momento de la resistencia pacífica vendrá el de la violencia.
Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado llevan semanas observando con preocupación dos hechos. El primero es la llegada, escalonada pero constante, de grupos de antisistemas que se desplazan desde varios países de Europa.
El segundo, es la difusión -como ya adelantó La Gaceta- de un manual de técnicas de guerrilla urbana entre los elementos radicales de Cataluña. En él se contiene información muy detallada sobre las unidades de antidisturbios de la Policía Nacional, la UIP, y de la Guardia Civil, los GRS.
 
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