La operación especial de Semana Santa de la Dirección General de Tráfico (DGT) ha terminado con 30 fallecidos en carretera, tres más que en 2025, pese a unas condiciones meteorológicas favorables durante la mayor parte del periodo. La cifra, todavía provisional, supone el peor dato en estas fechas desde 2021 y reabre el debate sobre la eficacia de las medidas impulsadas por el organismo.
El balance ha generado especial preocupación por el repunte de determinados siniestros, en particular los atropellos. Según los datos conocidos, cinco personas han muerto tras ser arrolladas en carretera, un registro que no se había producido en la última década. El contraste es significativo: el pasado año no se registró ningún fallecido por este motivo.
Desde la Asociación Unificada de la Guardia Civil (AUGC) ya se había advertido antes del inicio de la operación de que la falta de efectivos podía tener consecuencias. La organización denuncia que durante la noche hay provincias en las que apenas operan dos patrullas, lo que limita de forma drástica la capacidad de vigilancia y control del tráfico.
El coordinador nacional de Tráfico de AUGC, Carlos Cantero, ha sido contundente al valorar los datos: «Si reduces agentes en carretera aumentas el riesgo. Es una relación directa y los datos de esta Semana Santa lo han demostrado«. La asociación vincula directamente el aumento de la siniestralidad con la escasez de personal y las condiciones laborales que arrastra el cuerpo.
El balance también pone en el foco una de las medidas estrella de la DGT en los últimos años: la baliza V16. Este dispositivo se presentó como una alternativa a los triángulos de emergencia para reducir el riesgo de atropello al evitar que el conductor tuviera que abandonar el vehículo. Sin embargo, los datos de esta Semana Santa apuntan en la dirección contraria.
La propia AUGC considera que la implantación de la V16 no ha logrado los objetivos previstos. A la falta de claridad sobre su uso obligatorio se suma, según denuncian, su escasa efectividad en situaciones reales de emergencia.
El aumento de fallecidos y el repunte de atropellos abren un nuevo frente para la DGT en plena revisión de sus políticas de seguridad vial, con críticas que apuntan tanto a la falta de medios como a la eficacia de las medidas adoptadas en los últimos años.