Madrid se prepara para convertirse después del verano en la primera capital de la Unión Europea en permitir la circulación de robotaxis, un movimiento que abrirá un nuevo mercado por el que ya compiten Uber, el gigante tecnológico Google y varias compañías chinas especializadas en conducción autónoma.
La Comunidad de Madrid trabaja para poner en marcha los primeros proyectos piloto en la capital y estudia extender las pruebas a Leganés y Móstoles. También se baraja Alcobendas entre las posibles zonas de operación. El objetivo es que los primeros vehículos comiencen a circular antes de final de año, inicialmente con un conductor de seguridad y, más adelante, de forma completamente autónoma.
La llegada de los robotaxis abre una nueva batalla en el sector del transporte urbano casi una década después del enfrentamiento entre el taxi tradicional y las plataformas VTC. Esta vez, la disputa se traslada a un negocio en el que los vehículos podrán operar sin conductor y en el que ninguna de las grandes compañías tecnológicas quiere quedarse atrás.
Uber ha sido la primera empresa en mover ficha. La plataforma anunció el pasado junio una alianza con la tecnológica china WeRide para desplegar sus vehículos autónomos en Madrid. Se trata de furgonetas eléctricas equipadas con sensores y fabricadas por el grupo chino Geely, propietario de marcas como Volvo Cars, Polestar y Lynk & Co.
WeRide opera ya en más de diez ciudades, entre ellas Pekín, Guangzhou, Abu Dabi, Dubái y Zúrich. Para su desembarco en España, Uber contará además con Moove Cars y su filial Avomo. La primera aportará las licencias VTC necesarias para prestar el servicio, mientras que Avomo se encargará del mantenimiento, almacenamiento y supervisión de los vehículos.
El principal obstáculo para la llegada de los robotaxis era hasta ahora la regulación. La homologación y certificación técnica de los vehículos corresponde al Estado a través de la Dirección General de Tráfico, mientras que las autorizaciones, licencias y condiciones de prestación del servicio dependen de la Comunidad de Madrid.
El Gobierno regional ha utilizado modificaciones de la Ley de Movilidad para dar cobertura legal a la actividad. Para evitar la concesión masiva de nuevas autorizaciones y un nuevo enfrentamiento con el sector del taxi, la Comunidad no expedirá nuevas licencias VTC, sino que permitirá utilizar las ya existentes.
El despliegue inicial estará limitado a un máximo de 100 vehículos. Además, cada robotaxi necesitará una «habilitación adicional de transporte autónomo» concedida por la Comunidad de Madrid, que determinará las condiciones en las que podrá circular y prestar servicio.
Uber parte con ventaja porque ya dispone de las principales piezas necesarias para entrar en el mercado. Moove Cars, compañía participada en un 30% por la plataforma, cuenta con las licencias VTC; Avomo se ocupa de la gestión de las flotas; y WeRide aporta la tecnología y los vehículos.
Sin embargo, la operación ha acelerado los movimientos de uno de los mayores gigantes mundiales del sector. Waymo, la compañía de conducción autónoma propiedad de Alphabet, matriz de Google, ha constituido Waymo Iberia para preparar su desembarco en España y, previsiblemente, también en Portugal.
La empresa opera más de 4.000 robotaxis en una docena de ciudades estadounidenses y se ha convertido en uno de los principales referentes mundiales de esta tecnología. Su llegada a España abre ahora la incógnita sobre cómo obtendrá las licencias necesarias para operar.
Waymo podría comprar o alquilar autorizaciones VTC y lanzar su propio servicio, como ya hace en Estados Unidos, o alcanzar un acuerdo con Cabify para utilizar sus licencias y vehículos.
La empresa española ha reconocido que mantiene «conversaciones abiertas con las empresas líderes en tecnología de movilidad autónoma», aunque asegura que actualmente no tiene ninguna alianza cerrada.
El problema para Waymo es que el mercado español de grandes flotas está concentrado principalmente en Moove Cars, Auro y Vecttor. La primera ya está vinculada al proyecto de Uber y WeRide, mientras que Auro ha descartado estar negociando con Waymo. La tercera pertenece íntegramente a Cabify, lo que convierte a la compañía española en una de las principales opciones para facilitar el desembarco del gigante estadounidense.
Todo apunta así a que Madrid podría comenzar a ver a partir de noviembre los primeros robotaxis de Uber y Waymo. Durante los primeros meses, los vehículos circularán con un conductor de seguridad preparado para intervenir en caso de emergencia. Posteriormente, el objetivo es que puedan operar sin ninguna persona al volante.
Los usuarios podrán solicitar los vehículos a través de las aplicaciones correspondientes. Otras plataformas como Cabify y Bolt también estudian entrar en este nuevo mercado y podrían recurrir a fabricantes chinos como Pony.ai o Baidu.
La expansión de los robotaxis, sin embargo, llega acompañada de importantes interrogantes sobre su seguridad y fiabilidad. Waymo se ha enfrentado en Estados Unidos a episodios de vandalismo y a fallos técnicos que han obligado a retirar temporalmente miles de vehículos.
La compañía tuvo que retirar recientemente 3.900 coches, el 97% de su flota, por un problema de software que provocaba la entrada de los vehículos en tramos de autopista en obras en California y Arizona. Poco antes había retirado otros 3.800 coches por acceder a carreteras inundadas y cerradas a la circulación.
A estos problemas se suma el vandalismo. El pasado junio, varios vehículos de Waymo fueron incendiados durante las protestas contra el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE) en Los Ángeles. Cada uno de estos coches tiene un coste estimado de entre 150.000 y 200.000 euros.
Pese a estos incidentes, Waymo sostiene que sus vehículos sufren un 94% menos de accidentes con lesiones graves o muertes que los automóviles conducidos por humanos y un 84% menos de accidentes en los que están implicados ciclistas o motoristas.
Madrid se convertirá ahora en el primer gran banco de pruebas de esta tecnología dentro de la Unión Europea. La capital abrirá así un nuevo frente en el transporte urbano, con Uber, Google y las tecnológicas chinas preparadas para disputarse un negocio millonario mientras el taxi tradicional afronta una nueva transformación del sector.