La Misión de Marruecos ante la UE y la OTAN no escribió a toda la Eurocámara. El lunes, un día antes del debate de Estrasburgo sobre los «ataques híbridos» y la instrumentalización de inmigrantes en Ceuta, Rabat remitió un correo solo a una parte de los eurodiputados españoles —PSOE, PNV y AHORA REPÚBLICAS (ERC, EH BILDU, BNG, ARA MÉS)—. El propósito declarado era «aclarar la situación». El real, condicionar el voto de este jueves. La carta, a la que ha tenido acceso LA GACETA, fija el relato de Rabat y calla lo esencial.
La nota habla de los «lamentables sucesos del 30 de julio» y los atribuye a la desinformación en redes y a las mafias. Recuerda que Marruecos se comprometió a readmitir a todos, incluidos menores extranjeros no acompañados, y subraya que el Gobierno de Pedro Sánchez no le ha atribuido responsabilidad.
Tampoco aparece el informe del Centro Nacional de Inmigración y Fronteras remitido a la Audiencia Nacional, que, según ha trascendido, sitúa a gendarmes indicando a los inmigrantes ilegales cómo acceder por el agua. La dirección de la Policía sostiene que ningún informe atribuye la planificación a las fuerzas marroquíes y la causa sigue abierta. Silenciarlo ante quienes iban a votar no es un olvido, es el relato que Rabat quería instalar antes del pleno.
Para presentarse como socio fiable, la carta afirma que Marruecos impide más de 75.000 intentos de cruce al año y que desmanteló más de 1.050 redes entre 2023 y 2025. Acompaña esas cifras con un enlace a Frontex que no las contiene. La nota de la agencia habla de casi 75.000 cruces ilegales detectados en toda la UE en ocho meses y precisa que ese cómputo excluye lo ocurrido en Ceuta. La coincidencia numérica pretende pasar por aval europeo lo que no es más que un dato producto de una adulteración estadística marroquí.
El texto sostiene que una llegada de decenas de miles no podía frenarse con fuerza letal. Nadie lo ha pedido. La pregunta es por qué no hubo control ordinario durante diez horas. Se cierra con dos preguntas retóricas: qué interés tendría Marruecos en provocar una crisis con su primer socio y si lo habría hecho el Día del Trono. La segunda se vuelve contra quien la formula. La nota del CENIF del 29 de julio señalaba esa misma fecha como ventana de riesgo en Ceuta y Melilla. En cuanto al interés, basta con lo dicho en agosto desde el propio Gobierno marroquí: Ouahbi pidió un diálogo para el «retorno» de ambas ciudades y Toufiq habló ante el rey de liberar las «ciudades ocupadas». A comienzos de septiembre, Nizar Baraka volvió a reivindicar Ceuta.
El mismo argumentario circuló después en X. Lahcen Haddad, vicepresidente de la Cámara de Consejeros y dirigente del Istiqlal, reprochó hablar de instrumentalización sin demostrarla y preguntó qué pretendía obtener Marruecos. Negó haber participado en el correo. Reconoció que él y la Misión formulan la misma pregunta. Las declaraciones de agosto no prueban por sí solas lo ocurrido el 30 de julio. Demuestran que la reclamación sobre Ceuta y Melilla sigue viva en Rabat.
El debate del martes confirmó que el email caía en terreno abonado. El comisario Magnus Brunner evitó atribuir autoría a Rabat, habló de «nuestro vecino» y dio por buena la promesa de readmisión. En la bancada izquierdista nadie apuntó a Marruecos. Iratxe García (PSOE) acusó al PPE de «manosear» Ceuta. Estrella Galán (Sumar) vio una «jugosa oportunidad» para atacar a la España progresista. Jorge Buxadé (VOX) pidió condenar la invasión y las reivindicaciones de Rabat como guerra híbrida.
Sin embargo, nada de esto es nuevo. En mayo de 2021, tras la acogida de Brahim Ghali, la Policía marroquí relajó los controles y abrió la valla. Cinco años después el patrón se repite, con otra escala, en la misma frontera. El Reglamento 2024/1359 define la instrumentalización como el fomento o la facilitación, por un tercer país, de desplazamientos hacia las fronteras de la Unión para desestabilizarla. No exige una orden firmada. Lo ocurrido el 30 de julio encaja en esa definición. Los eurodiputados que recibieron el correo —y los que Rabat prefirió no escribir— tienen en la bandeja la versión de Marruecos. Convendría que leyeran también lo que no dice.