«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Siguen las reyertas entre ocupantes y las agresiones con armas blancas

Más de 1.000 invasores vuelven al polígono del Tarajal tras el desalojo y la limpieza exprés para la visita de Marlaska a Ceuta

Polígono de El Tarajal. LGI

El polígono industrial del Tarajal volvió a llenarse en cuanto se fue el ministro. Fernando Grande-Marlaska recorrió la zona el pasado 8 de septiembre, en su tercera visita a Ceuta desde la invasión de finales de julio. Entonces, la entrada y el tramo inicial del recinto industrial mostraban un aspecto de ausencia; apenas había asentamientos a la vista. Días después, imágenes en exclusiva de LA GACETA muestran lo contrario. Las chabolas han regresado a las calles del polígono, se extienden por el interior de las naves y ocupan ya las zonas exteriores del recinto. Según estimaciones de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado (FCSE), hay de nuevo más de 1.000 invasores sobre el Tarajal. El escenario que vio el ministro duró lo que duró la comitiva.

No fue casualidad. Días antes de la visita, agentes intervinieron en el polígono para sacar a los ocupantes de las cabañas que ocupaban las calles. El CATE provisional habilitado en las naves formaba parte del itinerario oficial. Marlaska no se bajó del coche ni en el centro ni en el puesto fronterizo. A la salida de la Delegación del Gobierno, vecinos le esperaban al grito de «traidor». El maquillaje del recinto sirvió para la foto.

El Tarajal no es un apéndice menor de la crisis. Junto a la playa del Trampolín y, ahora, Benítez, ha sido desde agosto uno de los grandes asentamientos informales de Ceuta, a pocos metros de la frontera por la que entraron decenas de miles de invasores el 30 y el 31 de julio. Cientos de marroquíes levantaron refugios con palés, plásticos y neumáticos entre naves que el comercio atípico dejó a medio gas. El 11 de septiembre un incendio calcinó 42 chabolas en la entrada del polígono. Al día siguiente, los ocupantes habían vuelto. El patrón se repite: se limpia, se visita, se reconstruye.

Con el regreso han vuelto los altercados diarios. Reyertas entre ocupantes, agresiones con arma blanca y noches que obligan a la Policía Nacional a entrar y salir del recinto. En una de esas intervenciones en las naves del Tarajal hubo heridos por arma blanca y detenciones por amenazas. Los vecinos del entorno ya no hablan solo de ocupación, hablan de un polígono que ha dejado de ser zona industrial para convertirse en un campamento sin control.

Fuentes policiales consultadas por este medio añaden otro elemento. El Tarajal se está convirtiendo en un núcleo de prostitución para jóvenes marroquíes que también entraron durante el episodio de invasión. No es un fenómeno aislado. A finales de agosto la Policía ya detectó redes que captaban a llegadas en situación de extrema vulnerabilidad a cambio de comida y un techo. Un equipo especializado se desplazó a la ciudad. Ahora esas prácticas, según las mismas fuentes, se concentran también en el polígono que el ministro recorrió sin bajarse del vehículo.

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