Ayer jueves por la tarde se reunieron más de 2.000 personas para dar una multitudinaria y sentida despedida al joven agricultor David Lafoz en Belchite, su localidad natal. Amigos, vecinos, compañeros de lucha en el campo y familiares abarrotaron la iglesia de San Martín de Tours y sus alrededores, en un acto cargado de dolor, indignación y memoria, según informa Heraldo de Aragón.
Lafoz, de apenas 32 años, decidió quitarse la vida días atrás, según su entorno, agobiado por la presión asfixiante que sufren los pequeños agricultores en España. No pudo más. “Trabajar 18 horas al día para no vivir”, escribía en sus últimos mensajes, reflejando la desesperación que lo acompañó durante meses. Su caso ha sacudido al sector agrario y ha reabierto el debate sobre el impacto psicológico y económico que soportan quienes siguen aferrados a una vida en el campo cada vez más difícil de sostener.
No era un desconocido. Su rostro se hizo viral en febrero de 2024, cuando colocó su tractor —un Case rojo— sobre el puente que conduce al Palacio de la Aljafería de Zaragoza, en señal de protesta durante las movilizaciones del campo. Aquel gesto simbólico lo convirtió en uno de los referentes visibles del hartazgo de los agricultores frente a la política agraria impuesta por Bruselas y aplicada con dureza por el Gobierno de Pedro Sánchez. En especial, David había denunciado las consecuencias de la Agenda 2030 en el mundo rural, al que consideraba abandonado y perseguido.
Durante el funeral, celebrado en silencio y bajo un ambiente de profunda tristeza, varios tractores se alinearon junto al templo, como en una suerte de guardia de honor agrícola. Muchos de ellos habían recorrido decenas de kilómetros desde municipios como Fuentes de Ebro, Azuara, La Joyosa, Muniesa, Letux u Oliete. Los asistentes no sólo lloraban la pérdida de un joven muy querido, sino que también compartían una sensación colectiva de impotencia. “No solo se ha ido David, se está muriendo el campo con él”, confesaba un agricultor de Daroca.
Lafoz llevaba tiempo denunciando públicamente cómo la burocracia, los bajos precios, la competencia desleal de productos extranjeros y las normativas ecológicas desmedidas lo habían arrinconado hasta lo insoportable. Quienes lo conocían lo describen como un trabajador incansable, de fuerte carácter, que aún conservaba la esperanza de que las protestas hicieran despertar a una sociedad indiferente al drama rural.
Su muerte ha tenido un fuerte eco más allá de Aragón. Asociaciones agrarias y ciudadanos anónimos han llenado las redes sociales con mensajes de homenaje, denuncia y reclamo político. La imagen de su tractor frente a la Aljafería ha vuelto a circular como símbolo de un grito que nadie quiso escuchar a tiempo.
David Lafoz se ha convertido, trágicamente, en el rostro de una generación de agricultores agotada por la falta de apoyo y por un sistema que parece empujarlos hacia la ruina. Ayer, Belchite no sólo despidió a uno de los suyos, sino que lanzó un último clamor silencioso por la dignidad del campo español.