La presión migratoria sobre Canarias vuelve a dispararse. Salvamento Marítimo ha interceptado en apenas unas horas tres pateras con un total de 241 inmigrantes en aguas próximas a Lanzarote, en otro episodio de la ruta atlántica que conecta las costas africanas con el archipiélago español.
Las tres embarcaciones fueron conducidas hasta Arrecife, capital lanzaroteña, después de sucesivas operaciones realizadas durante la noche y la madrugada. La más numerosa transportaba a 105 hombres de origen subsahariano y magrebí, localizados por el buque Guardamar Urania. El grupo desembarcó en Arrecife aproximadamente a las 4.00 horas.
105 hombres en una sola patera
La llegada más numerosa estuvo compuesta exclusivamente por varones. Los 105 inmigrantes subsaharianos y magrebíes viajaban juntos en una de las embarcaciones interceptadas cerca de Lanzarote.
Pocas horas antes, la Salvamar Acrux había localizado otra patera con 91 personas a bordo: 79 hombres, diez mujeres y dos menores. El grupo llegó al puerto de Arrecife alrededor de la 1.00 de la madrugada.
Una tercera embarcación eleva el total a 241
La sucesión de llegadas no terminó ahí. La Salvamar Acrux tuvo que intervenir también ante una tercera patera en la que viajaban otros 45 inmigrantes, igualmente trasladados a la capital de Lanzarote.
En conjunto, 241 personas han alcanzado las inmediaciones de la isla en tres embarcaciones en apenas unas horas. La concentración de llegadas evidencia nuevamente la presión que soporta Canarias como una de las principales puertas de entrada de la inmigración irregular desde África hacia territorio español.
Canarias, bajo una presión migratoria constante
La ruta atlántica continúa trasladando hacia las islas grupos cada vez más numerosos de inmigrantes procedentes de la costa africana, mientras los servicios españoles tienen que movilizar embarcaciones, personal sanitario y recursos de acogida para atender cada nueva llegada.
En esta ocasión, tres pateras bastaron para introducir en el dispositivo de recepción de Lanzarote a casi 250 personas durante una sola noche. La cifra vuelve a mostrar la dimensión de una presión migratoria que, lejos de desaparecer, mantiene a Canarias como frontera avanzada de la entrada irregular en España.