Mientras millones de españoles enfrentan el verano con inseguridad y crisis migratoria, Pedro Sánchez se ha atrincherado en su palacio vacacional de La Mareta (Lanzarote) con un despliegue digno de un jefe de Estado en alerta máxima. Según reveló La Razón, agentes de la Guardia Civil fueron ordenados a borrar mensajes insultantes escritos en la arena antes de la llegada del presidente el pasado 2 de agosto.
Uno de los mensajes eliminados («Pedro Sánchez, hijo de puta») apareció en una de las playas cercanas a la residencia oficial. Seis agentes tuvieron que encargarse de borrar la frase para evitar cualquier incidente visual incómodo para el presidente o su familia. La prioridad, según fuentes del dispositivo, no sólo es proteger la integridad física del líder socialista, sino garantizarle unas vacaciones sin sobresaltos mediáticos ni ciudadanos.
La Mareta se ha convertido en el nuevo símbolo del aislamiento de Sánchez respecto a la ciudadanía. El complejo, que dispone de varias residencias, piscinas, gimnasio, pista de tenis y más de 10.000 metros cuadrados de jardines, está siendo protegido por más de 40 agentes, incluyendo unidades del Grupo Especial de Actividades Subacuáticas (GEAS), los GRS de la Guardia Civil y servicios aéreos de vigilancia.
Aunque no se ha cerrado el acceso público al mar, cada zona cercana al presidente es minuciosamente inspeccionada antes de que él o su entorno se acerquen a la playa. La vigilancia incluye el uso de vehículos camuflados blindados, patrullas encubiertas y alertas permanentes al helicóptero Super Puma presidencial, por si se requiere movilidad inmediata o evacuación.
El dispositivo, descrito por fuentes consultadas por La Razón como «el más grande desde que Sánchez es presidente», no sólo busca evitar atentados o incidentes, sino también cualquier imagen, pancarta, fotografía o manifestación de repudio que pueda empañar el descanso del presidente tras una temporada marcada por los escándalos de corrupción del PSOE y la detención de Santos Cerdán.
Además, el presidente ha prohibido expresamente que se le fotografíe en sus actividades privadas durante estas vacaciones. Cualquier ciudadano que intente captarlo desde la playa o un dron puede enfrentarse a consecuencias legales, según las indicaciones internas filtradas.
Pero La Mareta no sólo es un lugar de descanso. Sánchez ha convertido el complejo en cuartel general de su operación política de verano, con reuniones previstas con Salvador Illa, Fernando Grande-Marlaska y el presidente canario Fernando Clavijo, o incluso el expresidente Zapatero, en el marco de una reconfiguración de su Ejecutivo y sus alianzas parlamentarias.
La Mareta, cedida por el rey Hussein de Jordania a Juan Carlos I, y habilitada como residencia oficial en tiempos de Rajoy, se ha convertido en el símbolo de la desconexión de Pedro Sánchez respecto a la realidad nacional. Mientras los ciudadanos soportan colas en los hospitales, precios disparados y una ola de criminalidad creciente, el presidente disfruta del mar bajo control militar y de playas ideológicamente filtradas.