«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
En la Fiesta Nacional

Sánchez vuelve a ser recibido entre abucheos en el desfile del 12 de Octubre mientras RTVE silencia las protestas

Pedro Sánchez durante el desfile. Europa Press.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, llegó este domingo a la Plaza de Colón para presidir el desfile de la Fiesta Nacional entre gritos, pitidos y abucheos. Pese al despliegue de seguridad y al dispositivo mediático preparado por Moncloa, el rechazo ciudadano se hizo notar desde su llegada: buena parte del público congregado en el Paseo de la Castellana coreó gritos de «¡Fuera!», «¡Corrupto!» y «¡Sinvergüenza!».

La Radiotelevisión Española (RTVE), encargada de retransmitir el evento, volvió a silenciar los sonidos de ambiente para intentar ocultar el descontento popular. Sin embargo, los micrófonos abiertos dejaron escapar algunos de los cánticos, que acompañaron al líder socialista durante su recorrido hasta la tribuna de autoridades.

A su llegada, Sánchez fue recibido por miembros de su gabinete como Yolanda Díaz, Margarita Robles y Ernesto Urtasun, así como por el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, y distintos presidentes autonómicos. El líder de VOX, Santiago Abascal, no acudió al acto, en señal de distanciamiento con el Gobierno.

Los abucheos al presidente socialista se han convertido en un ritual anual durante los actos del 12 de Octubre. Desde hace años, Sánchez y sus ministros afrontan manifestaciones de rechazo en todas sus apariciones públicas, desde desfiles militares hasta eventos deportivos o juras de bandera.

Entre los más increpados por los ciudadanos figuran el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, la vicepresidenta, María Jesús Montero, y la ministra de Trabajo y líder de Sumar, Yolanda Díaz. Ni siquiera la titular de Defensa, Margarita Robles, escapó este año a los silbidos.

El clima de desaprobación social coincide con un momento especialmente delicado para el Ejecutivo: las investigaciones por los sobres opacos del PSOE, el juicio a familiares del presidente y la creciente impopularidad del Gobierno, sostenido por los votos de separatistas y socios radicales.

El desfile militar, con la participación de 3.847 efectivos, partió desde la Glorieta de Atocha y recorrió el Paseo del Prado y el de Recoletos hasta Colón, donde se situó la tribuna real presidida por Felipe VI.

En el aire desfilaron 45 aviones y 29 helicópteros, mientras que en tierra lo hicieron 123 vehículos, 39 motocicletas y 229 caballos. Como cada año, la Legión fue la gran protagonista, acompañada de su mascota, el carnero Baraka, símbolo del espíritu militar español.

Pese al intento de Moncloa por proyectar una imagen de normalidad, el ambiente popular fue claro: la Fiesta Nacional volvió a ser un espejo del creciente rechazo hacia Pedro Sánchez, un presidente que ni siquiera en el día de España logra escapar del ruido del descontento ciudadano.

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