El campo no desaparece de golpe. Desaparece parcela a parcela. Primero llegan los proyectos, después las autorizaciones y, por último, las máquinas. Donde había olivos, aparece una estructura que no produce alimento y que condiciona el suelo durante años. Ese proceso, recuerda SOS Rural, ya está en marcha y sigue su avance en Andalucía.
«Que la gente sepa que donde se pone una placa solar, allí ya no crece nada en muchísimos años», denuncia su portavoz, Natalia Corbalán, en una conversación con LA GACETA.
En su opinión, la expansión de macroplantas solares sobre terreno agrícola responde a decisiones políticas concretas. Señala al presidente de la Junta, Juanma Moreno, por permitir un modelo que sustituye cultivo por instalación energética en zonas productivas.
Corbalán sostiene que el impacto no es sólo inmediato. La pérdida de olivares implica también una degradación prolongada del suelo que limita su recuperación agrícola. A su juicio, cada hectárea ocupada por placas solares es una hectárea que deja de producir y que difícilmente volverá a hacerlo en el corto plazo.
La portavoz también apunta a decisiones municipales como las adoptadas en el municipio jienense de Lopera, donde se han autorizado proyectos que afectan directamente al olivar. Según explica, los ayuntamientos desempeñan un papel clave en la tramitación y ejecución de estas iniciativas.
Además, alerta de prácticas administrativas que, según denuncia, facilitan la expansión de estos proyectos. Corbalán advierte de que grandes instalaciones se fragmentan en varios expedientes más pequeños para sortear controles ambientales y acelerar autorizaciones, lo que impide evaluar su impacto global.
Este escenario se agrava con la presión exterior. Corbalán advierte de las consecuencias del acuerdo con Mercosur y del aumento de importaciones. «El consumidor dirá que es más barato, pero no tiene ni idea de lo que lleva esa carne«, señala.
También denuncia la competencia de Marruecos, que, según afirma, opera en condiciones distintas a las exigidas a los productores españoles. A su juicio, esta combinación de factores está debilitando al campo desde dentro y desde fuera.
Desde SOS Rural insisten en que la pérdida de suelo agrícola no es solo una cuestión económica, sino estratégica. Corbalán advierte de que cada hectárea que desaparece reduce la capacidad de España para producir sus propios alimentos y acelera el deterioro del sector.