
El diario británico The Times ha sacado los colores a la izquierda española al publicar un reportaje sobre el manifiesto impulsado por Pedro Almodóvar y otros cien rostros del viejo progresismo español, en el que se denuncia —sin pruebas y con tono paranoide— una supuesta «conspiración reaccionaria» para tumbar al Gobierno de Pedro Sánchez.
En lugar de asumir los hechos, los firmantes niegan la evidencia de corrupción en el entorno socialista —casos como Koldo, Ábalos, Cerdán o los contratos sospechosos vinculados a la mujer del presidente— y prefieren presentarse como víctimas de una ofensiva «fascista» urdida por la derecha política, la judicatura, los medios independientes e incluso la Conferencia Episcopal. «Todos los frentes conservadores y reaccionarios intentan derribar al gobierno legítimo con incriminaciones y calumnias», afirma el texto.
Entre los firmantes del manifiesto destacan nombres del ya rancio frente cultural del zapaterismo: Joan Manuel Serrat, Ana Belén, Rosa Montero, Miguel Ríos, Rosa Villacastín, Leire Pajín, Miguel Sebastián o el propio Manuel Chaves, expresidente andaluz señalado por la Justicia en el caso de los ERE.
Todos ellos se han alineado sin fisuras en defensa de Pedro Sánchez, en un acto que recuerda más a un cierre de filas bolivariano que a una postura racional ante una trama de corrupción que involucra millones en comisiones, uso de aviones oficiales para negocios privados y presuntas redes clientelares ligadas al PSOE.
The Times no oculta que Almodóvar es un ferviente admirador del presidente, hasta el punto de que llegó a confesar que «lloró como un niño» cuando Sánchez amagó con dimitir, mientras su esposa era investigada por tráfico de influencias. El manifiesto —que podría haber sido redactado en Ferraz o en la Moncloa— resta importancia a los escándalos judiciales que acorralan al PSOE y centra su mensaje en demonizar a quienes los denuncian, replicando la lógica populista de que toda crítica al poder es, en realidad, un ataque antidemocrático.
Así, la izquierda cultural que antaño presumía de contestataria, se arrastra hoy para defender a un Gobierno rodeado de sospechas, procesados y tramas oscuras, y lo hace con un discurso que se parece más al de Maduro o Cristina Kirchner que al de una democracia europea.