Un empresario llamado Javier, titular de una decena de establecimientos en Ceuta, ha ordenado a su personal que no sirva comida a las personas que accedieron de forma ilegal a la ciudad durante la entrada masiva registrada a finales de julio. En una entrevista televisiva difundida este viernes, el hostelero explicó que considera aquellos hechos una invasión y que la única herramienta a su alcance es negar el acceso a quienes, en su opinión, «en el fondo son delincuentes», para impedir que se integren en la vida cotidiana de los ceutíes.
La decisión se produce un mes después de que decenas de miles de personas cruzaran la frontera desde Marruecos, principalmente los días 30 y 31 de julio, desbordando los controles y generando una crisis de seguridad y convivencia en una ciudad de apenas 83.000 habitantes. Aunque una parte regresó en las horas y días siguientes, varios miles permanecen en las calles, playas y zonas residenciales, lo que ha provocado un desplome de la actividad comercial y un clima de temor entre vecinos y comerciantes.
Javier ha justificado la medida en términos de defensa de la ciudad: «Tenemos claro que esto es una invasión, estamos totalmente en contra». En sus locales se han colocado carteles que prohíben las recargas de móviles y reservan los baños exclusivamente a clientes, además de un gran cartel en el que se lee «Ceuta se respeta» y «Invasores fuera», junto a mensajes de apoyo a las fuerzas de seguridad y a las autoridades locales.
El empresario insiste en que sus negocios permanecen abiertos para la población residente habitual, pero reconoce que la clientela se ha reducido de forma drástica porque mucha gente evita salir a la calle. La medida se suma a otras iniciativas similares adoptadas por hosteleros de la ciudad, algunos de origen marroquí, que también han dejado de vender alimentos, recargar teléfonos o cambiar moneda a quienes entraron irregularmente.
La hostelería y el comercio de Ceuta arrastran pérdidas estimadas entre el 40% y el 80% respecto al verano anterior. Numerosos locales han cerrado temporalmente o han reducido horarios ante la falta de reservas, incidentes en terrazas y la sensación de inseguridad. La Confederación de Empresarios de Ceuta ha reclamado al Gobierno ayudas urgentes, moratorias fiscales y un plan de seguridad que permita recuperar la normalidad.