Una abogada instalada en Ceuta ha desvelado a LA GACETA que organizaciones no gubernamentales (ONG) estarían facilitando los teléfonos de sus compañeros a inmigrantes ilegales para contactar directamente con ellos sobre sus expedientes de asilo. Según sostiene, la intervención de estas entidades también incluiría la redacción y el envío de mensajes desde los móviles de los interesados, así como indicaciones sobre qué explicar para conseguir protección.
La letrada asegura que los abogados reciben comunicaciones escritas en un español cuidado y con referencias a resoluciones, recursos y plazos. Atribuye esa redacción a personas vinculadas a las ONG, aunque el lenguaje empleado no demuestra por sí solo quién escribe los mensajes. La documentación aportada tampoco permite determinar qué entidades habrían distribuido los números ni si contaban con autorización para hacerlo.
Uno de los textos facilitados a este periódico comienza con una explicación sobre el origen del contacto: «Me facilitaron su número de teléfono indicándome que usted es el abogado encargado de mi caso». El remitente afirma encontrarse internado en un CIE y solicita que el letrado compruebe si existen novedades en su expediente. También pide información sobre posibles actuaciones, plazos y recursos. El mensaje no identifica a quien le proporcionó el teléfono ni contiene instrucciones para elaborar un relato de asilo.
En otra de las capturas aportadas, una persona pregunta si su solicitud ha sido aceptada o rechazada. Su interlocutor responde que le informará al día siguiente. La conversación muestra una consulta sobre el estado de un procedimiento, pero no permite acreditar la intervención de una ONG en la redacción o el envío. La afirmación sobre ese papel de las organizaciones procede del testimonio de la abogada.
La profesional relata, además, que algunas mujeres remiten fotografías de lesiones y aseguran haber sufrido agresiones de sus exparejas, residentes en Marruecos, para respaldar sus peticiones de protección. Entre las imágenes facilitadas figuran una marca oscura en la piel y una muñeca con un soporte. Las fotografías, por sí solas, no permiten establecer cuándo ni cómo se produjeron las lesiones, ni corroborar o desmentir los relatos que las acompañan.
El testimonio plantea interrogantes sobre cómo se comparten los contactos profesionales y qué asistencia reciben los solicitantes antes de comunicarse con sus abogados. Sin embargo, con el material disponible no se puede acreditar una filtración no autorizada de teléfonos ni la preparación de testimonios falsos para obtener asilo. Tampoco se dispone de la versión de las organizaciones a las que la letrada atribuye estas prácticas.