Una asociación llamada ‘Per Elles’ ha nacido con el objetivo de proteger a niñas y adolescentes del barrio barcelonés del Raval frente a la segregación y las restricciones impuestas por su entorno familiar y cultural. Su creación busca dar voz a una realidad silenciada durante años por las instituciones y visibilizar la falta de libertad que padecen muchas menores de familia islámica en esa zona de la ciudad.
Los impulsores de la iniciativa son Cristina Baldoví y Lluís Morales, dos monitores de ocio con una larga trayectoria en el barrio, que decidieron actuar tras comprobar cómo numerosas niñas eran privadas de participar en actividades escolares y sociales. Ambos aseguran que, lejos de recibir respaldo por parte de las autoridades, se toparon con presiones políticas, intentos de censura e incluso represalias laborales. Morales llegó a ser despedido tras más de veinte años de trabajo en el Raval.
‘Per Elles’ fue presentada oficialmente el 29 de octubre, en un acto que contó con la participación de la escritora Najat El Hachmi y de Sílvia Carrasco, presidenta de Feministas de Cataluña. Durante la presentación, los fundadores denunciaron que las instituciones públicas catalanas prefieren ocultar el problema para no incomodar a ciertos sectores de la comunidad islámica.
Según los testimonios recogidos por los monitores, muchas familias musulmanas impiden a sus hijas realizar actividades extraescolares, relacionarse con chicos o salir solas a la calle. Cuando los educadores trasladaron su preocupación a las autoridades, la respuesta fue el silencio o la negación. La Sindicatura de Greuges llegó a considerar que se trataba de “casos aislados”, una conclusión que los fundadores de la asociación califican de «evasiva y negligente».
Durante el evento, Huma Jamshed, presidenta de la Asociación de Mujeres Pakistaníes del Raval, alertó de que el aislamiento de las jóvenes suele ser el primer paso hacia los matrimonios forzados. Entre 2009 y 2021 se registraron oficialmente 200 casos en Cataluña, aunque las cifras reales podrían ser mucho mayores, ya que muchos episodios no se denuncian por miedo o presión familiar. Jamshed criticó además que las organizaciones que intentan ayudar a las víctimas no reciben ningún tipo de apoyo institucional.
Por su parte, Sílvia Carrasco vinculó el silencio político con la deriva de ciertos sectores del feminismo, que —según explicó— han subordinado su discurso a la «agenda antirracista», confundiendo «la defensa de la diversidad con la renuncia a la igualdad». A su juicio, esta actitud ha permitido que las prácticas integristas se mantengan impunes bajo la excusa del respeto cultural.
Los fundadores de ‘Per Elles’ insisten en que su propósito no es atacar a ninguna comunidad, sino proteger los derechos fundamentales de las menores, consagrados en los tratados internacionales de infancia. En los casos más graves, aseguran, ese control familiar acaba preparando el terreno para matrimonios concertados. Algunas jóvenes son aisladas desde niñas y no llegan a ser conscientes de la situación hasta que es demasiado tarde; otras, cuando intentan rebelarse, son castigadas con dureza.
El ejemplo más estremecedor fue el de las dos hermanas paquistaníes asesinadas en Terrassa tras negarse a un matrimonio impuesto por su familia. Casos como ese, dicen Baldoví y Morales, son los que los empujaron a fundar ‘Per Elles’. Su meta es que la asociación se convierta en un refugio para las chicas que sufren control y represión, y en una plataforma capaz de romper el muro de silencio que las instituciones han mantenido durante demasiado tiempo.