«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
En 2020 había 46 millones en el continente

La islamización de Europa: la población musulmana crece un 16% en una década con la connivencia de populares y socialistas

Musulmanes rezando por la fiesta de Eid al-Adha en Birmingham en 2022. Europa Press

Europa vive una transformación demográfica acelerada. Un reciente informe del Pew Research Center, think tank con sede en Washington DC, muestra que la población musulmana en el continente creció un 16% en sólo una década, mientras el número de cristianos se reduce drásticamente y aumenta la población sin religión.

Según el estudio, en 2020 había ya 46 millones de musulmanes en Europa, frente a los 39 millones registrados en 2010. La principal causa de este incremento fue la inmigración masiva procedente de países de mayoría islámica como Siria, Irak o Afganistán, junto con una tasa de natalidad mucho más alta que la del resto de la población europea.

El informe destaca que Suecia y Alemania son los países donde más creció la presencia musulmana. En Suecia, la proporción pasó del 4% al 8% de la población, mientras que en Alemania aumentó del 6% al 7%. Este aumento está directamente relacionado con las políticas migratorias «amistosas» de ambos gobiernos durante esa década. En el último lustro ha ido a más.

Pew subraya además que la edad media de los musulmanes europeos es de 34 años, muy por debajo de la media general del continente, lo que augura un peso creciente de esta comunidad en los próximos años.

En paralelo, la proporción de cristianos cayó y los no religiosos se dispararon un 37%, alcanzando los 190 millones de personas. En países como el Reino Unido y Francia, los cristianos ya no son mayoría, mientras que en los Países Bajos los no creyentes dominan el panorama religioso.

El informe concluye que estos cambios demográficos y culturales transformarán profundamente la identidad europea, afectando a la política, la educación y la cohesión social. La creciente presencia del islam —impulsada por políticas migratorias y diferencias de natalidad— plantea un debate cada vez más intenso sobre el futuro cultural y civilizatorio de Europa.

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