En Barcelona opera desde hace años una mezquita que no pasa inadvertida por su carga histórica: la Mezquita Tariq Ibn Ziyad, bautizada en honor a Tariq ibn Ziyad, el militar musulmán que lideró la invasión islámica de la Hispania visigoda en el año 711.
Tariq ibn Ziyad no es una figura espiritual neutra ni un referente religioso genérico. Fue el comandante bereber al servicio del Califato Omeya que cruzó el Estrecho y derrotó al rey visigodo Don Rodrigo, abriendo un periodo de dominación islámica que se prolongó durante casi ocho siglos en amplias zonas de la Península. De su nombre procede incluso el topónimo Gibraltar (Yabal Ṭāriq, «el monte de Tariq»).
La elección de esta denominación para un centro religioso en España no es inocua. Supone reivindicar simbólicamente a un jefe militar extranjero cuya entrada en la Península implicó la ruptura violenta del orden político y religioso existente, la imposición del islam como poder hegemónico y un largo ciclo de conflictos que marcaron la historia de España hasta la Reconquista.
Desde el punto de vista legal, no existe ninguna irregularidad: la mezquita funciona dentro del marco jurídico vigente y el nombre no vulnera norma alguna. El debate, sin embargo, es cultural, histórico e identitario. En un contexto de inmigración masiva, tensiones sobre la integración y un uso selectivo de la memoria histórica, resulta llamativo que se normalice el homenaje a un invasor mientras se cuestionan o deslegitiman símbolos propios de la tradición española.