
Una mujer ceutí ha desvelado que se ha visto obligada a instalar una alarma y cámaras de seguridad en su vivienda después de que, según relata, varios inmigrantes ilegales hayan intentado acceder a su edificio trepando por las rejas desde la entrada masiva registrada el pasado 30 de julio. La vecina asegura que episodios similares se han producido «unas cuatro veces» desde entonces y reconoce que la situación le está afectando psicológicamente.
«No me siento segura en mi casa», afirma la mujer al explicar las medidas que ha adoptado. Su testimonio refleja el cambio que, según sostiene, ha experimentado su vida cotidiana durante el último mes. «Aquí nos conocemos todos» y estaban acostumbrados a una vida «normal, tranquila», señala antes de asegurar que ahora llega un momento del día en el que sale a la calle y se siente «extraña» e «incómoda» incluso en su propia ciudad.
La ceutí relata también un episodio ocurrido en el garaje que utiliza habitualmente. Según explica, cuando se disponía a entrar sola encontró a seis personas en su interior y decidió regresar al vehículo ante el temor que le produjo la situación. Finalmente, otro hombre llegó al aparcamiento y consiguió que abandonaran el recinto. Tras lo sucedido, asegura haberse comprado tres aerosoles de defensa para sentirse más protegida.
La preocupación de la mujer se extiende además a los menores. Cuenta que tiene una nieta de tres años que comienza el colegio y reconoce que le inquieta que los niños hayan pasado de desarrollar su rutina habitual a encontrarse continuamente con guardias civiles, policías nacionales y militares. «Los niños preguntan», explica, después de señalar que su familia intenta restar importancia a lo que ocurre cuando los más pequeños quieren saber por qué existe tanta presencia de las fuerzas de seguridad.
Durante su intervención, la vecina insiste en diferenciar sus críticas a la situación de un rechazo general a la inmigración. Recuerda que su propio padre emigró a Francia durante una época de dificultades económicas en España, aunque subraya que lo hizo «con su contrato de trabajo» y con la documentación de toda la familia regularizada. «Son personas», recalca, antes de defender que deben recibir comida y un trato digno.
Pese a ello, considera que Ceuta no tiene capacidad para absorber de manera repentina a un número tan elevado de personas y pide a quienes niegan que exista inseguridad que conozcan personalmente la situación. «Que se vinieran aquí, que se pusieran en el pellejo de nosotros», sostiene. Su temor, explica, es que la convivencia continúe deteriorándose si la crisis se prolonga y no se ofrece una salida a quienes permanecen en la ciudad autónoma.