Una mujer con un trastorno psiquiátrico grave se ha suicidado en un box de urgencias del Hospital de Tarrasa (Barcelona) tras permanecer allí más de dos días a la espera de ser ingresada en una unidad especializada. El trágico suceso tuvo lugar el pasado 22 de agosto, cuando la paciente, considerada de alto riesgo de autolesión, no pudo acceder a una cama en psiquiatría porque no había ninguna disponible. Pese a que los sanitarios eran conscientes de la situación crítica, finalmente la mujer acabó con su vida mientras aguardaba en el área de urgencias. El centro hospitalario ha iniciado una investigación interna y, por ahora, la familia no ha presentado denuncia.
El episodio ha encendido todas las alarmas entre los profesionales, que llevaban tiempo avisando de que podía suceder algo así. Xavier Lleonart, presidente del comité de empresa del Consorcio Sanitario de Tarrasa, ha declarado en RAC1 que la saturación es extrema y que el servicio atraviesa su peor etapa. Ha recordado que ya en julio los médicos adjuntos enviaron una carta a la dirección advirtiendo de que no podían hacerse responsables de lo que ocurriera porque se había superado cualquier umbral de seguridad. Sin embargo, sus avisos quedaron sin respuesta.
El problema, denuncian, es de carácter estructural. Según Lleonart, el sistema sanitario catalán se ha quedado anclado en cifras de hace más de una década: «Seguimos dimensionados para seis millones de habitantes cuando la población ya roza los ocho millones». A ello se suma que los recortes de 2010 jamás se han revertido, lo que, a juicio de los trabajadores, explica el actual colapso.
La presión no afecta sólo a casos psiquiátricos. Las listas de espera quirúrgicas muestran también el deterioro del sistema público. A finales de 2024 había 846.583 personas pendientes de una operación en España, con demoras medias que en algunas comunidades superan los seis meses. Cataluña lidera el ranking con 196.911 pacientes registrados en diciembre del pasado año. De ellos, más de un tercio llevaba más de medio año aguardando una intervención, con un tiempo medio de 145 días.
El retraso se traduce en un aumento notable de fallecimientos mientras los pacientes siguen en lista. Sólo en 2024 murieron 2.151 personas en Cataluña antes de ser intervenidas, según datos del Servicio Catalán de Salud. En diez años, la cifra acumulada asciende a 18.682 muertes, lo que supone un incremento del 80% desde 2015, cuando los registros eran de 1.194 fallecidos. Aunque el organismo puntualiza que no puede determinar si las defunciones están vinculadas a la patología que motivaba la operación, la evolución refleja un problema crónico y cada vez más grave.
Volviendo al Hospital de Terrassa, el caos en urgencias no se limita al suicidio del 22 de agosto. Apenas tres días después, otro paciente que llevaba tiempo aguardando una cama en planta se enfrentó al personal médico y terminó escapando del hospital. Los sanitarios insisten en que el espacio de urgencias no está preparado para mantener durante tanto tiempo a personas con trastornos mentales graves, ya que allí coinciden niños, adultos y ancianos en un entorno sin las medidas de seguridad necesarias. La planta de psiquiatría sí dispone de recursos adaptados: ventanas cerradas, utensilios de plástico y vigilancia constante.