Un inmigrante de 27 años nacido en Bangladesh, con residencia legal en España, ha sido denunciado en repetidas ocasiones por acosar a una menor en el barrio bilbaíno de Deusto. La familia de la adolescente sostiene que, pese a existir antecedentes, una reciente resolución judicial ha restado relevancia penal al último episodio, lo que ha incrementado su sensación de desamparo.
La historia se remonta a noviembre de 2022. Entonces, la joven tenía 14 años y regresaba del colegio cuando, al pasar frente a un establecimiento de telefonía vinculado a la familia del sospechoso, este la siguió hasta el portal de su vivienda. Según consta en la denuncia y avanza El Correo, trató de aproximarse físicamente a ella y pronunció frases en tono insistente. La intervención fortuita de unos operarios que salían del edificio evitó que la situación fuera a más. La menor entró en casa llorando y visiblemente alterada.
Tras la denuncia presentada en la comisaría de la Ertzaintza en Ibarrekolanda, se celebró un juicio rápido. El acusado fue condenado a 15 días de localización permanente y a no acercarse a menos de 300 metros de la joven. El juez consideró acreditado que los hechos habían generado temor en la víctima. Sin embargo, la orden de alejamiento fue quebrantada en varias ocasiones. Ante la reiteración de incumplimientos, la Policía autonómica llegó a ofrecer protección y durante tres meses dos agentes acompañaron a la menor desde el colegio hasta su domicilio.
Lejos de disiparse, la inquietud se instaló en la rutina familiar. La madre relata que su hija comenzó a sufrir pesadillas y a evitar salir sola. «Toda la serenidad que intentaba aparentar durante el día se transformaba por la noche en angustia», explica. La adolescente modificaba sus trayectos habituales para no coincidir con el establecimiento del denunciado y dependía constantemente de sus padres para desplazarse, una pérdida de autonomía difícil de asumir a esa edad.
Cuando parecía que la situación había quedado atrás, el pasado 5 de diciembre se produjo un nuevo incidente. Según la versión familiar y la de varios testigos, el hombre volvió a dirigirse a la menor a la salida del colegio, pese a que esta iba acompañada. La chica reaccionó gritando y un compañero se interpuso. Un padre que acudía a recoger a sus hijos intervino también al ver la escena y recriminó al presunto acosador su actitud. El altercado generó revuelo entre vecinos y padres del centro educativo.
No obstante, el juzgado que analizó esta última denuncia concluyó que el episodio —caminar junto a la menor durante unos metros y solicitarle una fotografía antes de marcharse— carecía de suficiente relevancia penal, al no apreciarse conexión directa con los hechos anteriores ya juzgados. La causa fue archivada. La madre discrepa frontalmente: «Es la misma niña, el mismo individuo y un patrón que se repite», sostiene.
Desde entonces, la familia ha reforzado por su cuenta las medidas de protección. Acompañan a la adolescente en sus desplazamientos y han reorganizado horarios para evitar coincidencias. «La protección que no sentimos en el ámbito judicial la estamos poniendo nosotros y la gente del barrio», afirma Olga, profesora universitaria. Teme que la situación escale y reclama visibilidad para lo que considera el calvario de una menor que, según denuncia, convive con el miedo desde los 13 años.