«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Ashish Jha coordinó la respuesta al COVID en la Casa Blanca

El excoordinador COVID de Biden admite que la pandemia «probablemente» comenzó con una fuga de laboratorio

Ashish Jha. Europa Press.

El doctor Ashish Jha, que fue coordinador de la respuesta al COVID-19 en la Casa Blanca durante la Administración de Joe Biden, ha admitido que el origen más probable de la pandemia fue una fuga de laboratorio en Wuhan.

Jha hizo estas declaraciones durante una entrevista en el programa State of the Union de CNN con Dana Bash. «Esto va a sorprender a algunas personas», afirmó antes de explicar su cambio de criterio.

El exresponsable sanitario de Biden señaló que, cuando entró en la Casa Blanca, pensaba que el coronavirus procedía casi con seguridad de un brote natural. Sin embargo, dijo que la información conocida durante y después de su etapa en el Gobierno le llevó a una conclusión distinta.

«He llegado a concluir que es más probable que haya sido una fuga de laboratorio. Mi mejor valoración es que probablemente fue una fuga de laboratorio», afirmó.

De teoría censurada a hipótesis probable

La declaración de Jha resulta especialmente significativa porque procede de un antiguo alto cargo de la Administración Biden, no de un dirigente republicano ni de un crítico externo del consenso sanitario impuesto durante la pandemia.

Durante años, la hipótesis de la fuga de laboratorio fue presentada por grandes medios, plataformas tecnológicas y figuras políticas como una teoría conspirativa o un argumento de la derecha. Las redes sociales restringieron publicaciones relacionadas con esa posibilidad y muchas voces fueron señaladas por difundir supuesta desinformación.

Ahora, uno de los hombres que dirigió la respuesta federal al COVID en Estados Unidos reconoce públicamente que esa hipótesis es, a su juicio, la explicación más probable.

Jha pide transparencia a China

El excoordinador de la Casa Blanca matizó que nadie fuera de China puede saber con certeza absoluta cómo empezó la pandemia. Por ello, reclamó más transparencia y rendición de cuentas por parte de las autoridades chinas.

Jha insistió en que su conclusión no apunta a una creación deliberada del virus ni a una liberación intencionada. En una publicación posterior en X, aclaró que considera más probable una fuga accidental vinculada a un laboratorio, no una operación diseñada o planificada.

También reconoció que personas razonables pueden revisar las mismas pruebas y alcanzar conclusiones diferentes. Aun así, subrayó que su valoración se formó durante su etapa en la Casa Blanca.

Un giro incómodo para el relato oficial

Ashish Jha, médico y exdecano de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Brown, sustituyó a Jeffrey Zients como coordinador de la respuesta COVID en abril de 2022. Dejó el cargo a mediados de 2023. Su cambio público de posición llega en medio de un debate todavía abierto sobre el origen real del SARS-CoV-2.

Un informe final del Subcomité Selecto de la Cámara de Representantes de Estados Unidos sobre la pandemia, publicado en julio de 2026, concluyó que el virus probablemente surgió de un laboratorio o de un accidente relacionado con investigaciones.

Ese informe también cuestionó la base científica cuantitativa de medidas como la distancia de dos metros, los mandatos de mascarilla y los confinamientos.

Las agencias de inteligencia estadounidenses han mantenido valoraciones distintas, con distintos niveles de confianza, sobre si el origen fue natural o relacionado con un laboratorio. Varias de ellas han considerado plausible o más probable un incidente de laboratorio, aunque sin pruebas definitivas.

China sigue negándolo

Las autoridades chinas han rechazado de forma constante la hipótesis de la fuga de laboratorio y han defendido que el virus tuvo un origen natural. Pekín ha evitado durante años una transparencia plena sobre lo ocurrido en Wuhan en los meses previos al inicio de la pandemia.

Esa falta de cooperación ha alimentado las sospechas internacionales y ha dificultado una investigación concluyente.

La cuestión no es menor: el COVID-19 alteró la vida de millones de personas, justificó restricciones inéditas de libertades públicas, provocó cierres masivos, confinamientos, controles sociales y una expansión del poder estatal en nombre de la emergencia sanitaria.

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