«Ser es defenderse», Ramiro de Maeztu
Golpe al extremismo de izquierda

El FBI presenta los primeros cargos por terrorismo contra miembros de Antifa tras un ataque a un centro de detención en Texas

Activista de Antifa en Viena. Europa Press.

El FBI ha presentado por primera vez cargos por terrorismo contra integrantes de Antifa, tras un violento ataque perpetrado en Texas contra un centro de detención de inmigrantes. Los acusados, Cameron Arnold y Zachary Evetts, fueron detenidos por su participación en el atentado del pasado 4 de julio contra las instalaciones de Prairieland ICE, cerca de Dallas.

Según la acusación federal, los sospechosos pertenecen al movimiento Antifa, que el presidente Donald Trump designó recientemente como organización terrorista doméstica mediante una orden ejecutiva. «Por primera vez, el FBI ha arrestado a extremistas violentos vinculados a Antifa y se han presentado cargos por terrorismo», anunció el director del Buró, Kash Patel, en la red X.

La fiscal general Pam Bondi confirmó que los acusados enfrentan cargos por proveer apoyo material a una organización terrorista, intento de asesinato de agentes federales y delitos con armas de fuego.

El expediente judicial detalla que los agresores, vestidos con ropa negra de estilo militar, lanzaron fuegos artificiales y cócteles incendiarios contra el complejo de ICE, pintando en vehículos y torres de vigilancia mensajes como «Traitor» y «ICE Pig». Cuando la policía llegó al lugar, un agente fue alcanzado por un disparo en el cuello desde una zona boscosa, mientras otros recibían fuego intenso durante varios minutos.

Las autoridades lograron capturar a los atacantes tras una persecución y aseguran que ambos formaban parte de una célula anarquista activa en Texas, vinculada a redes Antifa que operan también en Oregon y California.

«Como el presidente Trump ha dejado claro, Antifa es una organización terrorista de extrema izquierda, y será juzgada como tal», declaró Bondi. El ataque de Texas, cometido en la fecha simbólica del Día de la Independencia, marca un punto de inflexión en la lucha de las autoridades estadounidenses contra los movimientos violentos de inspiración anarquista y antifascista.

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