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¿VA EEUU CAMINO DE UN RÉGIMEN DE PARTIDO ÚNICO?

La Administración Biden dice que los votantes de Trump son una ‘amenaza para la democracia’

El expresidente de EEUU Donald Trump. Reuters

La Administración demócrata ha cruzado el Rubicón, y cualquier cosa puede suceder a partir de ahora. En los últimos cinco años hemos asistido a continuas vulneraciones de derechos y a un alineamiento de los demócratas con las tesis más radicales e incompatibles con la Constitución. La diferencia ahora es que están haciendo explícita la transición a un régimen de partido único.

¿Exageramos? Juzguen ustedes mismos. En lo que veía a ser un mitin de campaña apenas disimulado, el presidente Biden bramó contra sus opositores saltándose todas las líneas rojas: «Los republicanos MAGA no solo amenazan nuestros derechos personales y seguridad económica», sino que son «una amenaza para nuestra democracia misma». «Se niegan a aceptar la voluntad del pueblo. Abrazan, abrazan, la violencia política. No creen en la democracia”.

«No es una hipérbole», continuó, y agregó que «Estados Unidos se encuentra en un punto de inflexión genuino. Ocurre cada seis o siete generaciones en la historia mundial», y concluyó que «lo que estamos viendo ahora es el comienzo o la sentencia de muerte de una filosofía MAGA extrema… No es solo Trump, es toda la filosofía que le sustenta, es algo así como semifascismo».

Lo que realmente estamos viviendo es la muerte del sistema americano, Joe.

Pero incluso en una sociedad vapuleada y anestesiada por la constante propaganda, la descalificación a gritos del partido de la oposición, unida al asalto sin precedentes de la residencia privada del expresidente, ha alertado a parte de la prensa, que ha pedido explicaciones a la portavoz de la Casa Blanca, la inefable Karine Jean-Pierre. Que acabó de arreglarlo.

Jean-Pierre, en su línea habitual, trató de zafarse de la pregunta de qué quería decir el presidente con eso de «semifascismo» con incoherentes balbuceos al mejor estilo de su jefe, el presunto presidente, para acabar diciendo que la gente que vota a Donald Trump es «una amenaza a nuestra democracia, a nuestra libertad y a nuestros derechos». Imaginen: millones y millones de norteamericanos que votaron o votarán o podrían votar por Trump son «una amenaza». ¿Y qué se hace con las amenazas a la libertad?

Pero hay una semilla de verdad en lo que dicen Biden y su portavoz; es cierto que la democracia norteamericana está amenazada por algo que podría llamarse, si se quiere, «semifascismo», una tendencia deliberada hacia un régimen de partido único con una línea ideológica impuesta sobre la ciudadanía y encastillada en el poder. Solo que no procede de Donald Trump.

No es Donald Trump quien ha convertido a la más poderosa fuerza policial del planeta, el FBI, en una «policía de partido» al servicio de los demócratas, filtrando a la prensa informaciones demostradamente falsas, como las relativas a la «trama rusa», y ocultando otras verdaderas, como la corrupción desatada de la familia Biden en connivencia con potencias enemigas que revela el portátil de Hunter Biden, y asaltando la residencia presidencial de Mar-a-Lago sin causa plausible.

No es Donald Trump quien, en un momento de incertidumbre económica y polarización política ha contratado a 87.000 nuevos inspectores de Hacienda, armándoles y entrenándoles como si el contribuyente norteamericano fuera un potencial delincuente.

No es Donald Trump quien bromea sobre el hecho de que los poseedores de armas -en virtud de la Segunda Enmienda de la Constitución- no tendrán nada que hacer contra el poderío del Ejército de Estados Unidos, sugiriendo así que el Gobierno podría lanzar tropas contra sus propios conciudadanos.

No es Trump, en fin, quien ha sometido a los ciudadanos durante dos años a restricciones inimaginables, ni ha permitido la entrada de millones de extranjeros ilegales.

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