La República Democrática del Congo ha anunciado un acuerdo con la Administración de Donald Trump para acoger temporalmente a migrantes deportados desde Estados Unidos, incluso si no son nacionales congoleños. La medida, que comenzará a aplicarse en abril de 2026, convierte al país africano en un nuevo destino para personas expulsadas del territorio estadounidense en el marco de la política de control migratorio impulsada por Washington.
Según ha informado el Gobierno congoleño, los deportados serán trasladados a instalaciones específicas en Kinshasa, donde permanecerán bajo supervisión administrativa, de seguridad y asistencia humanitaria. El Ejecutivo de Kinshasa ha asegurado que el acuerdo no supondrá coste alguno para sus arcas públicas, ya que Estados Unidos asumirá el apoyo logístico y técnico de toda la operación a través de agencias especializadas.
El sistema está concebido como una solución temporal, sin intención de que los migrantes se establezcan de forma permanente en el país. Cada caso será evaluado individualmente conforme a la legislación nacional y a criterios de seguridad. La República Democrática del Congo se suma así a otros países africanos que han firmado acuerdos similares con Estados Unidos, como Esuatini, Ghana, Ruanda o Sudán del Sur.
Este tipo de pactos forman parte de una estrategia más amplia de externalización de las deportaciones, mediante la cual Trump busca gestionar la expulsión de inmigrantes hacia terceros países. No obstante, estas políticas han sido objeto de críticas por parte de organizaciones internacionales, que alertan sobre posibles riesgos para los derechos de los deportados.
El acuerdo evidencia un cambio en la gestión migratoria global, donde las deportaciones dejan de ser un asunto estrictamente bilateral para convertirse en una red internacional de reubicación. Un modelo que gana terreno y que redefine el control de fronteras en el escenario internacional.