
El Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos (DHS) ha revelado este lunes una cifra alarmante: los ataques y agresiones contra los agentes de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) han aumentado un 1.150% en lo que va de año, un estallido de violencia sin precedentes que la Administración Trump atribuye directamente a la retórica incendiaria de los políticos de las denominadas «ciudades santuario», gobernadas por demócratas.
Entre el 21 de enero y el 21 de noviembre, DHS registró 238 agresiones contra agentes, frente a las 19 documentadas en el mismo periodo de 2024. El salto, según el propio departamento, está estrechamente relacionado con los discursos de responsables locales del Partido Demócrata que han equiparado a ICE con «nazis», «la Gestapo» o «patrullas esclavistas», y que han animado abiertamente a inmigrantes ilegales a resistirse a la detención.
«Los políticos santuario deben bajar el tono antes de que un agente muera«, advirtió la subsecretaria Tricia McLaughlin. «Deberían estar agradeciendo a quienes arriesgan su vida cada día para detener a pedófilos, violadores, asesinos, pandilleros y terroristas que amenazan a nuestras comunidades», aseguró.
El DHS habla de un patrón «peligrosamente escalante» de violencia contra los agentes federales: golpes, mordiscos, patadas, escupitajos y agresiones físicas durante detenciones; pero también ataques con cócteles molotov, disparos, embestidas con vehículos y emboscadas organizadas.
En uno de los casos documentados, un agente recibió un golpe en la cara con una taza metálica, que le abrió el labio y requirió 13 puntos de sutura. En otro, un oficial sufrió una fuerte conmoción cerebral tras ser atacado por un inmigrante ilegal con antecedentes.
Los ejemplos se multiplican: en Florida, el guatemalteco Henry Isaul García embistió con su vehículo a un agente y casi le aplasta la pierna durante un arresto. Otro caso: el 4 de julio, un exreservista del Cuerpo de Marines participó en una emboscada armada contra agentes federales en Texas. Por otra parte, en California, el fugitivo Eric Anthony Rodríguez, con un largo historial delictivo, trató de atacar a los agentes con un cóctel molotov en un hotel cercano al aeropuerto de Los Ángeles, donde se alojaban 27 funcionarios de ICE y CBP.
«Los agentes están siendo atacados por el simple hecho de llevar una placa, no sólo por las operaciones que realizan en nombre del pueblo estadounidense», denunció McLaughlin.
El departamento concluye que los ataques, alentados por el discurso político hostil hacia ICE, constituyen un ataque directo al Estado de derecho y ponen en riesgo la capacidad del país para hacer cumplir sus propias leyes.